Opinión | Trencar l'enfit
Maribel y la salud de los alcaldes de la dana
Cada uno tiene su responsabilidad, pero alcaldes y alcaldesas de la dana han sido masacrados durante meses cuando también ellos han perdido mucho

Maribel Albalat, semanas después de la dana. / José Manuel López
Cada día, desde hace ocho meses, voy a trabajar al periódico por antiguos caminos de huerta entre Torrent y Picanya. La dana del 29 de octubre se llevó casi todos los puentes de ambas poblaciones y echó abajo un tramo de autovía entero así que, en cuanto pude, recurrí a los viejos trazados ancestrales para no perderme del todo (y en todos los sentidos) en una comarca arrasada. Hace unos días, en uno de los lados del camino, descubrí por sorpresa un precioso y enorme campo de rosas: rosas rojas, rosas y blancas. Un manto de belleza poderoso e impactante que, les confieso, apareció como una especie de espejismo fugaz y, porqué no decirlo, hasta desubicado entre tanto por reconstruir. Tanto por sanar.
La semana pasada, la alcaldesa de Paiporta, Maribel Albalat, anunció que se iba de la primera línea de la política. No voy a entrar en valorar si lo ha hecho bien o lo ha hecho mal desde que salió elegida. Para eso está la oposición y las urnas, que en dos años emitirán su veredicto y que ya veremos por dónde sale después de un mandato tan convulso y trágico. Pero, a raíz de su dimisión, sí que me gustaría hablar de los alcaldes y alcaldesas de la dana y de su salud, física y mental. Durante aquellos días atroces y más poco que mucho, pude contactar con algunos de ellos. No dormían, apenas comían (sé de uno que se alimentó solo de galletas las primeras jornadas y porque le obligaban) y habían perdido coche, casa propia, casas de hijos, padres y familiares, empresas y propiedades de todo tipo, además de amigos y conocidos, que fallecieron en aquel aciago día. Más o menos, como cualquiera de las personas afectadas en los 84 municipios valencianos arrasados por la catástrofe. Más o menos, un millón.
Cuando explico esto siempre me salta alguien con el argumento de que ‘para eso son alcaldes’ y reprochan que alguno de ellos no anulara las clases o las actividades vespertinas en su municipio un 29 de octubre en alerta roja y con toda la información previa que se tenía. No escribo este artículo para eximirles de las responsabilidades que aquel día tenían y tienen los ediles de las corporaciones y más el máximo mandatario, pero si a estas alturas de la historia no tenemos todavía claro quien tenía el poder de avisar y avisó tarde, mal andamos.
Digo todo esto porque Albalat ha sido la primera en decir ‘aquí me quedo’. El principal argumento, la necesidad de descansar por un problema de salud que ya arrastraba desde antes de la dana, pero a nadie se le escapa, primero, que puede haber más causas y, segundo, que puede no ser la única en dejar el cargo. A quien ya estaba mayor, la dana le ha sumado más años y más agotamiento: a quien era tranquilo lo ha convertido en una persona irascible; el que era accesible es ahora más desconfiado y habrá que ver quien quiere poner, de nuevo, su rostro en un cartel electoral en 2027. Más, teniendo en cuenta que, como a Mazón pero sin tener sus responsabilidades ni estar en una larga sobremesa aquel día, les han insultado por tierra, mar y aire, acosado, gritado y perseguido en calles, plenos y hasta comiendo, meses después, en un bar de su localidad. Varios vecinos tuvieron que mediar para que este alcalde en cuestión no fuera agredido. Tomar medicación para los nervios y la ansiedad es lo mínimo, desde entonces, para hacer frente a un día a día donde se requiere también terapia en muchos casos. El desbordamiento físico fue de los barrancos, pero hubo otro que todavía discurre silencioso por el subsuelo de las zonas afectadas que se llevó por delante también la primera linea de la gestión municipal.
Por eso, no es extraño que, antes de Albalat, ediles y grupos de ediles de todos los partidos políticos en las localidades afectadas hayan hecho amago de intentos de dimisión, siempre bloqueados por las respectivas cúpulas. Del PSPV y del PP , porque aquí no se libra nadie y ser del equipo de Mazón no es fácil de defender en algunas localidades. Tampoco del de Sánchez tras aquello de ‘si quieren ayuda, que la pidan’. Ya veremos qué sucede con los votantes de Compromís, Vox y los numerosos independientes que saldrán a la luz para cobijar en sus brazos el descontento social, esa sensación de incredulidad que también ellos, alcaldes y alcaldesas de la dana, sintieron aquel día.
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