'Fucking tourists' en el carril del running
Se quejan de los sintecho acampados en el río, pero los invasores son los turistas y los domingueros que pasean por el Circuit 5K y por el carril bici. Es ese mismo 'guiri' que pedalea en dirección contraria por la calle Quart y, cuando le gritas, te responde con una mirada ofendida, como diciendo: “Esto en Ámsterdam no pasa”.

El Circuit 5K, esta semana. / ED
Si hubiese algún lector que aún no lo supiese, ya es hora: el carril del running (técnicamente el Circuit 5K Jardí del Túria) es ese camino de tierra rojiza que serpentea por el jardín del Turia desde el Parque de Cabecera hasta el puente del Gulliver diseñado exclusivamente para correr. Solo para eso. No para pasear, ni para ir en bici, tampoco para pararse en él y observar las performance de yoga grupal con altavoz bluetooth. Para correr. Lo dicen los carteles, lo grita el suelo, lo clama el sentido común. Lo evoca la conciencia cívica: Para correr. Y punto.
Uno lleva observando que la gente respeta cada vez más el carril más transitado de la ciudad cuando cae la tarde. Ese sentido común va ganando terreno, efectivamente, excepto los domingos, el día en el que en algunos tramos se convierten en un festival de la desorientación, una pista de obstáculos humanos donde todo vale: domingueros en modo procesión, bicis a 2 por hora, carritos de bebé o grupos de turistas que caminan con la convicción de que están en el pasillo de su casa. Y, por supuesto, algún que otro paseante con perro que se cruza contigo en espiral invitándote a una discusión. Entresemana es otra cosa, nada que ver: es un circuito de atletas de todas las edades y condiciones con pocas interferencias. Ya es mucho ganado en la que es la ruta con más corredores de España (unos 500.000 entrenamientos al año).
El verdadero enemigo del carril running el fin de semana —aunque no el único— es el turista desubicado, el 'guiri' de manual. Ese ser de piel gamba que al pisar el gran parque de la ciudad, activa el modo caos. No es cívico, ni lógico, ni legal, ni bonito, caminar por el carril de los atletas mirando el móvil, grabando una 'story' conduciendo una bici eléctrica o invadiendo el carril en grupo en formación horizontal.

Una chica camina por el carril del running de València. / ED
Es ese mismo 'guiri' que pedalea en dirección contraria por la calle Quart y, cuando le gritas, te responde con una mirada ofendida, como diciendo: “Esto en Ámsterdam no pasa” (y razón no le falta, porque en Valencia sabemos pedalear mejor).También están los grupos de Erasmus, congelados en mitad del carril como si se hubiera aparecido el espíritu de la paella, mientras consultan Google Maps buscando dónde se inventó la auténtica receta. Molestar también molestan los corredores residentes que invaden alguno de los carriles de peatones, especialmente en el tramo de la Petxina, incluso el de bicicletas. Hay que decirlo todo: También hay atletas que se creen que todo el viejo cauce es un circuito, igual que también hay desubicados en general que invaden el carril bici.
El carril del running salió del bolsillo de Juan Roig a través de la Fundación Trinidad Alfonso. Fue un capricho altruista, una ofrenda urbana de 2 millones de euros (más la inversión posterior en mantenimiento), una infraestructura ideada para regular el ‘tráfico’ en el viejo cauce. De eso se trata: de regular el tráfico y de dignificar el deporte más viejo del mundo. Los viejos corredores —esos seres que luchamos contra la edad, el colesterol, el cortisol y la ‘mala leche’ en general—, corremos el fin de semana en alerta, esquivando invasores despistados en cada tramo, más transitado a partir del puente de la Peineta en dirección a las viejas vías del Cabanyal.

Imagen del carril del running 5K a la altura del Pont del Real. / ED
Aquí llega el giro supremo, la ironía final, el zasca sociológico que contradice la visión de una parte de esta ciudad: molestan parte de los turistas, no los sintecho. Los acampados, con su drama a cuestas y su vida al margen, se instalan bajo los puentes o entre los arbustos, montan su mundo con discreción y ni te observan. Ya tienen bastante con lo suyo.
El mantenimiento del carril sigue a cargo de la Fundación Trinidad Alfonso y, diez años después de su creación, va a repavimentarlo por completo. El ayuntamiento, por su parte, invertirá 227.000 euros en una nueva iluminación a lo largo de todo el recorrido. Ya que está, podría instalar más carteles con señales de advertencia o directamente montar una patrulla de locales con silbatos, porras y un cursillo acelerado de urbanidad. Pero hasta que llegue ese milagro, al corredor solo le queda armarse de reflejos, resoplar con contundencia y gritar “sorry, just for running” (por no utilizar la carta del 'fucking tourist') con la fe del que clama en el desierto. No es solo una molestia. Es una falta de respeto. Una declaración de guerra pasivo-agresiva por parte de 'guiris' y de esos domingueros que, una vez ya han terminado de lavar el coche, se dispersan por los espacios públicos con el objetivo de estropearte el día.
- València permitirá convertir alquerías en hoteles y crear alojamientos turísticos en huerta degradada
- El Nou Mestalla, diseñado para atletismo: así es la técnica para convertir el estadio en recinto para albergar grandes competiciones internacionales
- Familia Royo lanza 4 promociones de viviendas en Valencia a precios asequibles
- La Policía Nacional investiga la agresión sexual en Gandia a una tik-toker internacional
- Estos son los doce cocineros valencianos que competirán en la final del concurso internacional de paella de Sueca
- El sector alimentario se prepara para decir el adiós al plástico
- Hay al menos 50 personas peleándose y con navajas': vuelven las peleas nocturnas a las puertas de una discoteca de Benimaclet
- El municipio menos poblado de la Safor incorporará un hotel de cuatro estrellas con 20 suites
