Opinión
Lavar los pies pero no las conciencias

León XIV, este domingo. / Vatican Media
Siempre me pregunté porque la Iglesia publicita tanto el lavado de pies, pero no tiene ningún interés en el lavado de las conciencias.
Periódicamente, tanto obispos, como el mismo Papa, se lanzan, como posesos, a lavar los pies de doce personas, simulando el gesto de Cristo con sus discípulos. Un acto que simboliza humildad y servicio desinteresado, algo que su trayectoria histórica desmiente con los hechos, al menos en el Estado Español.
Desde siglos, la Iglesia Católica está en deuda con reyes, aristócratas y terratenientes por su apoyo en lograr la supremacía a base de exclusivos privilegios y generosas donaciones, tanto en tierras como edificios y rentas. Esa presencia religiosa que impregnaba todos los ámbitos de la sociedad, haciendo caso omiso a las enormes desigualdades sociales, generó una actitud radicalmente anticlerical, crítica y hostil del movimiento obrero como rechazo ante un excesivo poder eclesiástico.
El catolicismo español, fiel a su historia y rechazando analizar las causas de ese anticlericalismo, no sólo apoyó el golpe de estado de 1936 y la posterior represión, sino que también pactaron. En 1953 firmó un Concordato con la dictadura franquista que le consolidaba privilegios, garantizaba financiación y concedía control sobre las conciencias. Se convirtió en el ministerio de la moral del régimen con censuras de todo tipo (libros, películas, bailes, currículo escolar, actividad en días festivos,…), con una amplia red de espionaje (confesionarios) para recoger el estado anímico, político y social de la población.
La jerarquía católica, no las comunidades de base, no quienes arriesgaron su vida por la justicia social, sino esa cúpula endogámica, rica y ultraconservadora, sigue sin romper con el franquismo sociológico. Nunca pidieron perdón por su papel durante la dictadura. Ni lo hicieron al llegar la democracia, ni lo han hecho tras la exhumación de Franco.
De nada sirve, arrodillarse y lavar pies. Dicen que es humildad, que siguen el ejemplo de Jesús. Pero mientras, no se escucha ni una palabra sobre miles de cuerpos que yacen en cunetas, ni un gesto con los familiares, ni una condena al odio que alimentan desde los púlpitos hacia homosexuales, ni cuando cargan contra mujeres que deciden abortar, o contra la ley de eutanasia.
De nada sirve darse golpes en el pecho, si como informa Levante-EMV (https://www.levante-emv.com/sociedad/2025/04/04/iglesia-notifica-146-nuevas-denuncias-116044666.html), la Iglesia española superó los 1.000 casos de abusos sexuales reconocidos oficialmente por el Defensor del Pueblo. La cifra es parcial, simbólica. Es, como siempre, la punta del iceberg. Porque durante décadas, sacerdotes, obispos, cardenales y papas construyeron un muro de silencio para proteger a los suyos.
De nada sirve disponer de poderosos medios de comunicación (COPE, 13TV, Radio María), cuando para unos temas la norma es el silencio (abusos sexuales, inmatriculación de bienes, bebés robados) y para otros temas, el ataque (homosexualidad, divorcio, aborto, eutanasia).
De nada sirve predicar pobreza, mientras se acumulan más de 34.000 propiedades inmatriculadas desde 1998 gracias a una ley del PP, mientras reciben cada año más de 300 millones vía IRPF o los 11.000 millones de asignación, mientras controlan 2.402 centros educativos concertados y cientos de residencias, hospitales, centros sociales, casas y garajes para alquilar. Todo ello, sin rendir cuentas. ¿Qué otra organización podría permitirse este grado de impunidad?
De nada sirve predicar amor, cuando no se es neutral, sino un actor político con intereses particulares, con alianzas repugnantes (Vox, Hazte Oír, Fundación Franco), con una cruz que muchas veces no es símbolo de paz, sino de orden. De ese orden que niega derechos (divorcio, matrimonio igualitario, aborto, eutanasia), pero que vigila, reprime, humilla, encarcela o estigmatiza a quienes no encajan en su modelo.
La Iglesia lava pies, pero no conciencias. Lava pies, pero no cesa en el encubrimiento. Lava pies, pero no devuelve los bienes expoliados. Lava pies, pero sigue bendiciendo misas por Franco. Lava pies, pero obstaculiza derechos y estigmatiza colectivos.
¿Dónde está el mea culpa? ¿Dónde la reparación? ¿Dónde la devolución de la Mezquita de Córdoba? ¿Dónde el fin de los conciertos educativos que segregan por sexo? ¿Dónde el castigo a los obispos que protegieron a pederastas? ¿Dónde el final del privilegio fiscal? ¿Dónde la investigación sobre bebés robados desde 1939?
No hay ostia que consagre tanta mentira, ni agua bendita que pueda limpiar tanta mezquindad.
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