Opinión | Bolos
Falta más Calatrava

El autor con Santiago Calatrava en su archivo-museo cerca de Zúrich. / S.C. LL
Con permiso de don Vicent, los cuatro jinetes valencianos más universales son Sorolla, Blasco Ibáñez, Valdés y Calatrava. Los cuatro se fueron de València para triunfar. Esta misma semana se han firmado sendos acuerdos para exponer obras de Sorolla y Valdés en dos nuevos espacios, el palacio de la antigua sede de Correos, en la plaza del Ayuntamiento y en una nave del Parc Central. Blasco Ibáñez, que también murió lejos de la ciudad donde nació, volvió de cuerpo presente en un multitudinario entierro, y al menos se conserva, de aquella manera, su chalé en la Malva-rosa, pero como republicano jacobino y anticlerical se quedó sin adeptos institucionales.
Calatrava ha vuelto a València después de diez años. En los últimos seis he intentado en diversas ocasiones entrevistarlo para que dijera la suya tras la campaña de desprestigio que sufrió de postulantes del Botànic. La semana pasada aceptó verme, pero en su terreno, fruto de la desconfianza sufrida. Encontré a un artista incansable y con muchas ganas de normalizar sus visitas y venir cada vez más, porque además mantiene su casa en una de las mejores plazas de la ciudad. Lleva València y sus gentes en la cabeza, por cierto, en las casi doce horas que estuvimos juntos hablamos todo el tiempo en valenciano, porque cualquier poliglota que se aprecie nunca desdeña su lengua materna. Viene para trabajar en un proyecto cerámico, una de sus pasiones de siempre, y también para examinar el terreno. Está herido, como no, si hasta le quitaron su nombre al colegio de Benimàmet. Cuesta mucho cicatrizar las heridas de la sinrazón, pero ya tardan las autoridades educativas en reponer la denominación a la escuela de la pedanía donde nació uno de sus vecinos más famosos.
La Ciudad de las Artes y las Ciencias será la imagen icónica de València durante muchos siglos, así que el ruido de hace años es una gota en el océano. Por eso, ahora que algunas de las obras de Valdés estarán en el Parc Central, es el momento de unir a los dos artistas y encargar a Calatrava el proyecto de la nueva estación central de València, porque es el mejor. He visto a algunos de los que promovían campañitas contra él fardando de sus fotos en su visita al Oculus de Calatrava, el símbolo de la reconstrucción de Nueva York tras el 11-s. El tiempo pone a cada uno en su sitio.
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