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Opinión | Viento albornés

Cómo me las maravillaría

Un vehículo de la Guardia Civil ante un incendio en una imagen de archivo.

Un vehículo de la Guardia Civil ante un incendio en una imagen de archivo. / GUARDIA CIVIL / Europa Press

Iniciamos este texto tomando parte del título de una canción de Lola Flores (¿Cómo me las maravillaría yo?), que aprendió de su madre, pues estremece menos que “Era mi dolor tan alto…” del poeta del Veintisiete Altolaguirre a la suya y resulta más proactivo, que es palabra de moda e algunos usamos poco, pero hoy viene a cuento, pues alude a quien toma el control de sus acciones y es capaz de anticipar problemas. Siempre nos hemos negado al artículo del verano con los fuegos aún activos y la desolación que no tapan las 50 sombras de Feijóo.

Por eso en agosto del año pasado aprovechamos dos temporadas de relativa bonanza en la plaga Ibérica del incendio -perenne cita en nuestra ya larga vida- para publicar, en esta sección de LEVANTE-EMV, “Fuego en las venas” (17-VIII-2024), que concluía: pensamos que ya es momento de crear una unidad estatal de prevención, que puede atender llamadas de socorro puntuales cuando las autoridades locales se ven desbordadas o incapaces ante crónicas de una muerte anunciada. El fuego, como el agua, es un problema estructural para todos y todas.

Dos meses después llegó la Dana homicida hasta algunos barrios y pedanías de la ciudad que habitamos y ahora las llamas hasta las casas de nuestros padres en uso, junto a tesoros naturales, bosques o albuferas, del patrimonio humano. Vemos en cambio que los políticos responsables de emergencias, por mandato constitucional, miembros de la derecha-ultraderecha en las autonomías aterradas a fuego, agosto-25, y agua, 29-O, son negacionistas climáticos, con más o menos tara, y los peores gestores desde M. Rajoy, señor de los hilillos, y sus muchachos.

Marean con datos, primero que si la extensión de Madrid o Barcelona, luego Mallorca o La Rioja, cuando no es difícil: cien hectáreas son un kilómetro cuadrado y si en 2022 se quemaron más de 300.000 y en 2025 más de 400.000, la suma nos llevará por encima de 7.000 kilómetros cuadrados, que significan casi un 1,5% del territorio español en menos de dos años; no de masa boscosa, que subiría mucho ese porcentaje, sino del suelo total de la patria nuestra. Lideramos ahora en incendios la UE seguidos de Portugal y albergamos la tercera masa de los Veintisiete.

Lo cierto y verdad, como también hace furor decir, es que las administraciones gastaban en bosques 1.750 millones de euros en 2009 y 1.295 en 2022, con recortes del 50% de media y en la Junta de Comunidades de Castilla y León, donde está el 20% de toda la masa, llegan al 85% en trece años (Mañueco y Quiñones son nuestros mazones, sentencia el pueblo); mientras en Galicia Rueda presume de 50 millones de gasto en prevención, cuando la exportación de madera gallega supone 2.346 millones (2023). Guardiola -Extremadura- patética.

Tras la hecatombe de Zamora en 2022, lejano oeste siempre, se dijo que la lección estaba aprendida (un hit Emérito para el PP), pues en un lustro las veríamos mayores, pero basta un trienio para hablar de 6ª generación abrasiva y queda demasiado combustible. La alternativa del nuevo movimiento económico y político Neorreaccionario a la denominada Agenda 20/30 es aquello tan viejo de “para lo que me queda en el convento…” del capitalismo iliberal gobernante. Pacto climático sí. ¿Pero cómo me las maravillaría yo?

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