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Opinión

València

El cambio climático en las aulas

Lluvias torrenciales, cada vez más frecuentes por el cambio climático.

Lluvias torrenciales, cada vez más frecuentes por el cambio climático. / Levante-EMV

Un estudio de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) sobre el estado del clima del pasado año resaltaba que en 2024 se registraron las temperaturas más cálidas de la historia. No sólo fue récord en temperatura sino, también, en concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Ambas acciones no se deben estudiar por separado. Al contrario, están íntimamente relacionadas y una -la concentración de gases- es la causa de la otra, las altas temperaturas. Sin embargo, hoy como hace siglos, todavía existen determinados estratos sociales que niegan cualquier cambio climático a nuestro alrededor y desligan, sin ningún pudor ni compasión, los efectos que se producen cada vez más frecuentemente -inundaciones, temperaturas altas, subida del nivel del mar o sequías, entre otros- de la acción de los humanos. Como si cualquiera de las actividades que llevamos los humanos desde nuestra vida personal hasta el ámbito doméstico, las industrias o las empresas no tuvieran nada que ver con todo aquello que sucede en el medio ambiente. Como si fuesen desconocidos entre ambos. Por desgracia, tenemos que luchar en favor de la ciencia y la razón como en su momento la ilustración tuvo que poner orden en Europa en el siglo XVIII como fuente de sabiduría y conocimiento frente a los dogmas, las creencias o la ignorancia. Las semejanzas entre aquella época y la actual son demasiadas a pesar de la diferencia de siglos entre ambas. En algunos aspectos, desgraciadamente, estamos retrocediendo lo que tanto ha costado de andar y, pese a ello, todavía existen los incrédulos y los irracionales en un mundo construido a partir de la ciencia y la razón.

Que algunas revistas científicas alerten de que el 40 % de la masa de los glaciares esté condenada a desaparecer es algo que nos debería hacer reflexionar sobre las terribles consecuencias que nos depara el futuro, no a medio o largo plazo, sino, por desgracia, en el corto. Los incendios que asolaron España el pasado verano son una consecuencia más de ese cambio climático que notamos ya en el cogote. Las olas de incendios serán cada vez más frecuentes, las inundaciones golpearán con más intensidad y las altas temperaturas son ya parte del peaje que debemos pagar cada verano a causa de todas aquellas acciones que durante años y décadas llevamos a cabo sin ningún tipo de control. Los fenómenos extremos se han incorporado en el paisaje cotidiano. No existen países, ni regiones ni continentes que estén a salvo de estas contingencias. En los medios de comunicación podemos observar este tipo de efectos meteorológicos de forma periódica. Y lo peor es que, a pesar de ello, todavía proliferan los negacionistas que buscan su minuto de gloria con tal de tener protagonismo.

En el Ayuntamiento de Riba-roja de Túria hemos puesto en marcha este curso en los centros escolares una iniciativa denominada “La Méteo”, en colaboración con Inforatge, con la que pretendemos educar desde las aulas en la necesidad de que nuestros jóvenes, niños y niñas, aprendan desde pequeños la importancia de luchar, sin dogmas ni creencias, en acercar la ciencia meteorológica a las aulas y concienciar a los escolares sobre los efectos el cambio climático y los fenómenos extremos derivados del mismo, con especial atención a su entorno más cercano. Esta iniciativa se añade a las políticas ambientales que llevamos a cabo ya con el programa EcoRiba con sus tres líneas enfocadas a la educación, la eficiencia energética y las políticas verdes.

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