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Opinión

València

Peor que un mono con dos pistolas

Leo información sobre el último estudio científico acerca de los chimpancés, según el cual estos primates podrían tener más en común con el ser humano de lo que se sabía hasta ahora. Un equipo de investigación ha aportado pruebas que demuestran que estos animales son pensadores racionales, ya que son capaces de revisar sus creencias cuando se les presentan evidencias sólidas. Se trata de un tipo de procesamiento cognitivo clave en el pensamiento racional propio de nuestra especie.

En esas estoy cuando suenan notificaciones en mi móvil. Es el grupo de WhatsApp del pueblo en el que me metí cuando la dana y en el que sigo sin saber muy bien por qué. El mensaje que ha generado las respuestas es de una vecina que ha compartido un post con la absurda teoría (¡en esas estamos un año después de la Dana!) de que la ola que arrasó los pueblos de L’Horta Sud tuvo su origen en Forata. El mensaje enciende la mecha de respuestas y emoticonos variopintos, pero me llama la atención el de una persona que, sin ofender, explica con datos, mapas y enlaces a informes sólidos lo disparatado de la teoría. Una respuesta extensa, tan didáctica como inútil, anticipo.

“Bueno, es algo que nadie sabrá nunca con veracidad y sobre lo que cada cual tendrá su opinión”, responde la propagadora del bulo.

Es entonces cuando me pregunto si, al final, habrá que dar la razón a ese 40 % de la población de Estados Unidos que cree en la teoría del Creacionismo, es decir, que sostiene que los seres humanos han existido tal como son ahora desde su creación. Quizás tengan razón y Darwin, Mendel, la teoría de la evolución y las leyes de la genética sean solo paparruchas, una estafa en toda regla, y realmente no compartamos un ancestro común con chimpancés o monos. De hecho, lo raro es que Vox no haya incorporado ya teorías terraplanistas en su ideario; seguidores no le faltarán.

Y, mientras el ser humano siga insistiendo en su propia deriva, obcecado en no revisar sus creencias ni siquiera ante las certezas que las contradicen, es posible que haya llegado ya el día en que, más temible que un mono con dos pistolas, resulte ser un hombre —o una mujer— dispuesto a abrir la boca.

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