Opinión
El acoso no es solo un asunto de las aulas
Hay comunidades educativas que lo pueden hacer mejor o peor sobre el acoso, pero a la escuela no se le puede atribuir la responsabilidad por el suicidio de niños o jóvenes

Un agente de la Policía Nacional. / EUROPA PRESS
Algunas familias de niños fallecidos por culpa del acoso escolar se concentraron el pasado jueves frente al Congreso de los Diputados coincidiendo con el Día Internacional contra la Violencia y el Acoso Escolar. Exigen que se apruebe una ley integral contra el acoso que garantice los derechos de los menores en los centros educativos, como si en dichos centros no existiesen protocolos suficientes ni medidas que procuren la integración del alumnado.
No podemos negar que hay comunidades educativas que lo pueden hacer mejor o peor a este respecto, desde luego, pero a la escuela no se le puede atribuir la responsabilidad por el suicidio de niños o jóvenes. Las aulas se han convertido en ese cajón desastre donde cabe todo, desbordada de informes y documentos que puedan salvaguardar a los docentes de denuncias que pueden ser fundadas, sí, pero también peregrinas o con el objetivo de un desahogo para hacer ruido o reclamar derechos que los padres no siempre ligan a sus deberes. Desde mi punto de vista, esta ley sería una mancha más al tigre de la docencia, una forma de buscar chivos expiatorios que puedan asumir responsabilidades en momentos de rabia y desesperación.
En ningún caso creo que los centros educativos puedan mantenerse al margen del bulliyng. ¡Faltaría más! Entre otras cosas porque intentan trabajar para prevenirlo y evitarlo. Sin embargo, las familias no comprenden que esta no es una responsabilidad única de la escuela o del instituto. Debemos situar esta violencia en un contexto social mucho más amplio, donde las familias tienen una enorme responsabilidad en el bienestar o malestar de sus hijos. Esta obsesión de encomendarlo todo a la escuela no es solo un error, sino una irresponsabilidad en sí misma. El sistema educativo se encuentra inmerso en un contexto de cambio social de falta de normas y pérdida de valores. Forma parte de una realidad mucho más amplia. En las aulas se puede atajar parte del problema, lo que se percibe y se detecta, pero el mal a veces trabaja entre bambalinas, camuflado entre las relaciones que el menor establece y que no pueden ni deben ser ajenas a la familia.
Quizás sea más fácil pensar que la escuela debe enseñar a nuestros hijos a amar el estudio, a respetar a los demás, a ser solidario y a tener valores, como si los de casa no tuviesen nada que decir. Quizás sea más fácil creer que su centro educativo los protegerá de la maldad ajena, pero yo no me fiaría demasiado. El acoso llega en silencio y requiere de una atención plural para abordarlo. Nuestros hijos viven insertos en una familia, en una sociedad y pasan mucho tiempo en la escuela. Al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios.
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