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Opinión

València

Y ahora, el ‘ladrón gourmet’

Las bombillas son uno de los objetos más sustraídos

Las bombillas son uno de los objetos más sustraídos / Levante-EMV

Ha llegado el momento de celebrar (o llorar, según se mire) un ranking que ningún ‘retailer’ querría pero todos aceptan: los productos más robados en España. Resulta que nuestras tiendas, esos templos del consumo, desahogo e ilusión, han pasado a convertirse también en escenarios de alta sustracción estratégica. Porque sí: ya no es solo el gran robo con butrón, a mano armada o banda organizada… también se roba lo que está expuesto a la vista, lo cotidiano, lo que creíamos ‘seguro’.

El aceite de oliva. Sí, el aceite de oliva. Ese manjar patrio con el que aderezamos las ensaladas y los hervidos y que ahora, a pesar de haber bajado su precio, sorpresa, encabeza la lista de lo más robado. Me imagino al ‘ladrón gourmet’: «Dónde pongo la botella?» o mejor aún «¿Dónde escondo la garrafa?». «La pongo en la mochila, entre la ropa, la vendo rápido, la disfruto.. Vale, quizá no sea tan poético y muchos lo hagan por necesidad, pero al menos así suena la realidad cuando te la muestran ‘bonita’ en la tele. Al aceite le siguen las conservas, los ahumados (sobre todo el salmón), los embutidos y quesos.

Luego está la perfumería y cosmética: colonias, protectores solares, cuchillas de afeitar y maquillaje, eso sí, del bueno… porque si uno va a robar por capricho, que sea con estilo, buen olor y buena cara. En electrónica figuran en el listadito auriculares, smartphones, smartwatches… claro, porque ¿para qué ahorrar y comprar cuando puedes llevarte uno sin pasar por caja? Y en bricolaje: bombillas, pilas, baterías..

La moda, la lencería, los bolsos… todo aparece en el informe presentado por Aecoc, la patronal del consumo.

Y atención, el suben más llamativo, lo protagonizan los productos para mascotas. Porque hasta el amigo peludo tiene derecho a tener ‘su accesorio robado’.

Todo esto se lo cuento porque llevo días viendo en televisión como celebramos un ranking que nadie querría liderar. Un listado que nos dice muchas cosas, al margen del escaparate: sobre inflación, consumo, vulnerabilidad y, sí, sobre delincuencia. Porque al final, si los productos más robados son los básicos, quizá deberíamos preguntarnos qué tan básicos siguen siendo y para quién.

¿Y si dijéramos que el verdadero ‘robo’ es que en una sociedad como la nuestra salten las alarmas por el aceite o las bombillas robadas y normalicemos lo que, por decreto, nos roban los ladrones de guante blanco? Pero esa… esa es otra columna para otro sábado.

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