Opinión | Tribuna
María José Broseta y Agustín Abarca
Ni en la Malva ni en València, fuera fascistas de nuestros barrios

Pintada fascista en la fachada de un instituto valenciano. / L-EMV
Las últimas semanas, varios grupos de ultraderecha ajenos al barrio han hecho su aparición en la Malva-rosa con discursos racistas, para atacar a menores de edad venidos de otros países y acogidos en el antiguo Hospital València al Mar.
Desde antes del verano han aparecido hojillas racistas, después videos en redes sociales y finalmente ruedas de prensa por parte de grupos ultras como España 2000 y Vox atacando a menores y a trabajadores del Centro de Atención Temporal de Emergencias en la Malva-rosa que acoge a menores de edad.
Denunciamos este ataque fascista a niños y niñas que están en nuestra tierra sin sus familias. Denunciamos, como ya lo han hecho los trabajadores y trabajadoras del centro, el acoso y las mentiras de la ultraderecha ajenas al barrio y que tratan de promover la tensión social.
Es más, afirmamos que la asistencia a jóvenes y menores en situación de desamparo, vengan de donde vengan, no sólo es una obligación humanitaria y legal, sino que corresponde con los valores de solidaridad que caracterizan a nuestros barrios obreros. Tanto ahora acogiendo a menores, como hace unos meses en el mismo lugar se acogió a refugiados de la guerra de Ucrania.
El barrio de la Malva-rosa es ajeno por completo a las ideas ultraderechistas. Ni por su historia, ni por su realidad actual. Por historia porque efectivamente la Malva-rosa se desarrolla y crece con la llegada de migración durante las décadas de los 50 y 60 de gente proveniente de Extremadura, Andalucía o La Mancha. Por tanto, es un barrio básicamente migrante. La actual ciudadanía del barrio es migrante, hijos de migrantes o nietos de migrantes.
Respecto a la actualidad, con la llegada las últimas décadas de nuevos vecinos y vecinas provenientes de otros países, y la convivencia con un núcleo de población del pueblo gitano siempre presente, en la Malva al vecindario nos une una mezcla de raíz obrera y popular como la de muchos barrios de la periferia de València.
En resumen, si la ultraderecha quiere meterse con los inmigrantes, va a tener que vérselas con toda la población del barrio de la Malva-rosa porque aquí somos todos inmigrantes.
No vamos a olvidar a que la Malva-rosa lleva luchando por un barrio digno desde hace décadas y por ello la asociación vecinal ha convocado numerosas protestas y concentraciones, especialmente en las cuatro esquinas y por un plan para Casitas Rosas. Lo que necesitamos son servicios públicos fuertes y de calidad, servicios sociales para todos, y todo ello con la participación del vecindario en diálogo por parte de la Administración. No permitimos que la situación de degradación que padece nuestro barrio, y la falta de suficiente intervención por parte de las Administraciones, sea aprovechado por intereses partidistas y racistas de la ultraderecha. No queremos un barrio abandonado ni permitiremos que lo aprovechen discursos racistas totalitarios, lo que queremos es un barrio digno y por eso viene luchando la Malva-rosa desde hace décadas.
Somos un barrio obrero orgulloso y no aceptamos injerencias ultras. Hoy para ser democrático hay que ser antirracista. Queremos un barrio digno, fuera fascistas de la Malva-rosa, fuera fascistas de València.
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