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Opinión

Sobre la misión

Arturo Sosa firma en el Libro de Honor de Gandia.

Arturo Sosa firma en el Libro de Honor de Gandia. / Alex Oltra

Visita València, 5 de noviembre, al Centro Arrupe, antiguo Colegio jesuita San José, el superior general de la Compañía, el padre Arturo Sosa, para celebrar un Encuentro, y, acudir a Gandia, al día siguiente, siendo recibido por las autoridades municipales, con ocasión del 515 aniversario del nacimiento, el 28 de octubre de 1510, de sant Francesc de Borja, tercer superior general de la Orden, donde funcionó la primera universidad jesuita del mundo y hoy mantiene actividades de formación, en el Palacio Ducal.

Su antecesor, el padre Adolfo Nicolás, visitó Gandia, en el año 2010, con motivo del 500 aniversario de Francesc de Borja, e impartió una conferencia, en València, con el título, “En el corazón de la misión”. Había sido elegido, en la XXXV Congregación General, enero de 2008, y en su primera homilía, se expresó de la siguiente manera, “hoy estamos aquí todas las naciones representadas, pero quizá existen otras “naciones”, otras comunidades, no geográficas, sino humanas, que reclaman nuestra asistencia: los pobres, los marginados, los excluidos”. Palabras que señalan un claro compromiso en favor de los más oprimidos, exponiendo de esta manera la misión de la Iglesia, en favor de los demás.

En la citada Congregación General se abordó, entre otros temas, el gobierno de la Compañía de Jesús, la actual acción evangelizadora, la formación de los jóvenes jesuitas y la colaboración con los laicos. En este punto cabe cuestionarse, qué papel tienen hoy los laicos en tradicionales tareas evangélicas, en favor del desarrollo de los pueblos, con los miles de jesuitas repartidos por todo el mundo, como testimonio de colaboración con su labor, para hacer una sociedad más justa.

Se recuerda así, cuando, en el año 1973, con motivo del Congreso Europeo de antiguos alumnos, celebrado en València, el padre Pedro Arrupe, como superior general, visitó nuestra ciudad, hablando de, “la acción a favor de la justicia y la participación en la transformación del mundo como dimensión constitutiva de la predicación del Evangelio, es decir, la misión de la Iglesia para la redención del género humano y la liberación de toda situación opresiva”. La labor evangelizadora de Pedro Arrupe, muchos años misionero en Japón, supuso una visión omnicomprensiva de los problemas del mundo.

El padre Arturo Sosa, en su reciente visita, defendió, la fraternidad de todos pueblos, con un sentimiento de humanidad, que reivindica, desde la misión, la esperanza. Esta fue también la línea, del Congreso Mundial de antiguos alumnos celebrado en Calcuta, en el año 2003, expresada en palabras del también antiguo alumno, Rabindranath Tagore, “donde la mente carece de miedo y la cabeza se mantiene erguida”. No cabe tener miedo cuando se está en una situación privilegiada con respecto a quienes padecen la opresión, y no podemos agachar la cabeza cuando tenemos la responsabilidad de alzar la voz por quienes no pueden hacerlo. Este es el tiempo donde reside la esperanza. De esta forma, entendimos muchos, como ser partícipes del corazón de la misión.

Alejandro Mañes Licenciado en Ciencias Económicas y Derecho

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