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Opinión | EDITORIAL

La necesaria gestión unificada del transporte metropolitano

La reapertura parcial de la línea C-3, los continuos retrasos en Metrovalencia y las supresiones de servicio por obras en las líneas de Renfe en la Ribera ponen de relieve la falta de coordinación entre administraciones y operadores

La línea C-3 de Cercanías.

La línea C-3 de Cercanías. / Renfe

La movilidad del área metropolitana de València debe abordarse como un sistema integrado. Pese al anuncio del ministro de Transporte, Óscar Puente, sobre la reapertura parcial —más de un año después— de la línea C-3 de Cercanías hasta el apeadero del Circuito Ricardo Tormo en Cheste con motivo del Gran Premio de MotoGP, la constante suspensión de servicios de Renfe por obras en la comarca de la Ribera sigue generando la irritación diaria de los usuarios.

A ello se suman los repetidos retrasos en las líneas de Metrovalencia, provocados por la renovación del sistema de señalización y comunicaciones afectado por la dana. No se trata de incidencias puntuales, sino del reflejo de un modelo de transporte fragmentado, mal coordinado y con una gestión que no responde de forma eficaz a las necesidades reales de la ciudadanía.

Tomando la reapertura de la C-3 como ejemplo, el tramo Aldaia-Cheste volverá a funcionar con 118 trenes programados para el gran evento deportivo. Sin embargo, el servicio mantendrá frecuencias de hasta 40 minutos, sin horario nocturno ni conexión completa hasta Buñol o Utiel. Mientras tanto, en la Ribera, los viajeros entre Silla y Cullera afrontan cancelaciones sin alternativas claras. En la capital y su entorno, metro y tranvía acumulan demoras e incidencias continuas.

El resultado es una movilidad metropolitana que actúa como un lastre y repercute directamente en el tráfico urbano de València, especialmente en las horas punta. Un sistema eficiente debe conectar a las personas con su trabajo, estudios o citas médicas, al tiempo que reduce la congestión y fomenta el transporte sostenible.

Cuando los operadores dependen de distintos niveles de la administración —estatal, autonómico y municipal— y carecen de una visión compartida, surgen solapamientos e incoherencias en rutas y frecuencias. El área metropolitana dispone de red de Cercanías, metro-tranvía y autobuses urbanos e interurbanos, pero carece de una estructura de gobernanza que los articule como un solo sistema.

Es cierto que la dana del 29 de octubre del año pasado dejó serios daños en la red ferroviaria. En la C-3 se han invertido más de 90 millones de euros en su reconstrucción, pero es necesario modernizar. La duplicación de vías, la electrificación, la reducción de intervalos a 15-20 minutos y la implantación de un servicio nocturno deben ser prioridades. Metrovalencia continúa sufriendo retrasos porque las obras de modernización se ejecutan sin un plan alternativo que minimice su impacto.

Resulta inaceptable que un residente del área metropolitana, viva donde viva, deba planificar su trayecto como si resolviera un rompecabezas de horarios y transbordos. Si cambiar de tren a metro o autobús es incómodo, el usuario optará por el coche, frustrando cualquier objetivo de movilidad sostenible. Miles de pasajeros perciben un servicio lento, con cancelaciones frecuentes, lo que deteriora la confianza en el sistema público.

Además de impulsar un plan real de modernización de infraestructuras —con electrificación, duplicación de vía, mayor frecuencia e interoperabilidad entre modos— ha llegado el momento de que la Autoritat de Transport Metropolità de València (ATMV), creada en 2017 para coordinar y planificar el transporte público de 60 municipios, desarrolle plenamente sus competencias y asuma un liderazgo efectivo.

La movilidad es un pilar de cohesión territorial y sostenibilidad. Si hoy se tarda más que hace una década en llegar al destino, algo no funciona. Es imprescindible contar con un sistema operativo todos los días, para todos los usuarios. Porque lo que está en juego es la capacidad de casi dos millones de personas para desplazarse y conectarse.

Es hora de que todas las administraciones del área metropolitana de València asuman la movilidad como una auténtica política de Estado.

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