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Opinión

València

El paso natural

Libros en una libreria.

Libros en una libreria.

En el mundo editorial hay tantas mentiras como en la vida. Las necesarias para mantener el negocio. Hay autores de renombre que firman auténticos bodrios y que venden miles de ejemplares, mientras desconocidas con relatos generacionales no llegan a nadie. Como en el mundo del arte, para entrar en el circuito (cerrado y de competencia salvaje) hacen falta suerte y amigos. Más amigos que suerte. Nada nuevo bajo el sol si se afirma que pesa más la firma que el contenido, como constatan los últimos premios conocidos. El galardón consolida el favor o la estrategia comercial, quedando el valor literario masacrado por el camino. Cuestión socrática: Imposible (e inocente) separar a determinados premiados de su proyección mediática o afinidad política, es decir, de sus méritos más allá de la literatura.

El círculo del poder es más relevante que la buena prosa. Lo demuestra la discriminación de la mujer, que sigue encontrándose techos de cristal, cotejando la injusticia de ver sucederse a hombres en lugares de privilegio, también en premios. Ninguna mujer ha sido directora de la RAE. Ninguna. Cero. El Premio Planeta lo han ganado más del doble de hombres que de mujeres. El Nobel de Literatura, 101 hombres por 18 mujeres. El círculo del poder. La injusticia, también, de las letras.

Y, mientras, el sector languidece, con excesiva pompa y escasos números. A la mayoría de presentaciones van diez personas. Ni la mitad compra el libro. Más allá del romanticismo y del maquillaje del ego, conversaciones que aportan poco a pocos. Casi el 90 % de los libros venden menos de cincuenta ejemplares, las firmas de libro son una pérdida de tiempo para la mayoría, la supuesta internacionalización editorial es costear un carísimo envío de libros a un stand situado en la otra parte del mundo y que no ve nadie.

El libro es un artefacto maravilloso, quizá el mejor invento jamás creado, y hay editoriales que los tratan como tesoros artesanales, más allá del negocio. Sin embargo, otros miles de libros no aportan absolutamente nada y es innecesario que se publiquen casi cien mil al año en España.

El otro día cayó en mis manos un cuento infantil cuyas imágenes habían sido creadas con IA. Seguramente el texto también. La autora lo dedicaba orgullosa pese a no ser autora de nada, más allá de la falacia y la estafa. El paso natural entre tanta mentira.

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