Opinión
En la encrucijada de la desconfianza

Manifestación contra Carlos Mazón y el Consell frente a les Corts / Eduardo Ripoll
Empecé a escribir esta columna el domingo por la tarde. Al cabo de un rato, hice algunas anotaciones en un cuaderno y la dejé a medias para salir a tomar café con unas amigas. Al volver había cambiado mi perspectiva sobre el contexto de tal forma que no la pude retomar en el mismo punto. La rehíce. Me parecía absurdo opinar de posibles escenarios políticos en la Comunitat después de entender que lo que realmente está en juego es mucho más importante que eso: la confianza social en el sistema y sus instituciones.
Las opiniones de mis amigas son como el café que nos tomamos, cada uno de una manera. Pero albergaban un punto en común, como el café a pesar de sus peculiaridades: muestran síntomas de cansancio hacia la política en general. Y eso son palabras mayores, porque no hablo de un perfil joven enchanchado a las redes sociales. Vamos, que tenemos una edad y pasamos del Tik Tok. Resumiendo, que volví a casa con más preguntas que respuestas y una luz roja de esas que advierten peligro encendida en mi cabeza.
Planear sobre la realidad en estos tiempos tan cambiantes es como practicar un deporte de riesgo. Y la aventura en la que han adentrado a la Generalitat Valenciana quienes la gobiernan es extrema. No sé si habrá investidura o elecciones y tampoco qué le puede convenir a unos o a otros, porque lo veo todo muy incierto. Solo sé que las responsabilidades siguen estando en el mismo lugar: en el banquillo de los irresponsables. Y estos son los dos partidos que nos vienen gobernando, PP y Vox.
Han pasado dos años de legislatura. El primero de paz y segundo de gloria, para la infamia quiero decir. Todo lo acontecido políticamente tras la dana es de una gravedad incontestable: negligencia, mentiras, ocultación, medias verdades y un sinfín de despropósitos que no tiene precedente. Pues bien, esa mayoría que anda negociando lo ha amparado todo. Incluido al dimitido president, Carlos Mazón. Al que habrían mantenido de no haberse precipitado su salida por causas ajenas a la política.
La pregunta es si un nuevo Consell emanado de esa misma mayoría parlamentaria, sin someterse al plebiscito de las urnas, estaría en condiciones de restablecer la credibilidad en nuestras instituciones. Lo digo porque no hay mayor estabilidad para el sistema democrático que la confianza social en el mismo.
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