Opinión | A la contra
Cerebro patriarcal y juventud
Parece que la inteligencia artificial deviene todo un desafío. A mí me inquieta más el cerebro patriarcal de los adolescentes –entiéndase chicos, si no diría adolescencia– porque, en las primeras clases y talleres del curso escolar, he detectado una notoria refundación del machismo, siguiendo un término del compañero Miguel Lorente. Hoy disponemos de valiosas herramientas como la inteligencia artificial, aunque, ¿qué sentido tiene ésta si en el cerebro que la usa anidan patriarcados? Discursos machistas, misóginos, sexistas y de ultraderecha colonizan las neuronas de estas criaturas eclipsadas por una manosfera que expande basura moral y política adornada entre vídeos de «ídolos patriarcales».
Estos días unos chicos de 2º de la ESO decían, sin rubor, que añoraban ese mundo «tradicional» en el que las mujeres se ocupaban exclusivamente de las tareas domésticas. Lo afirman, por cierto, sin despeinarse –es un decir, porque despeinados vienen a clase de serie– ante unas compañeras silentes, quienes normalizan estas y otras manifestaciones violentas. A uno de estos mozos le pregunté cómo podríamos regresar a esa época añorada por él y que nunca conoció: «cambiando el gobierno», respondía ovacionado por sus compañeros varones. Cabe decir, asimismo, que el profesorado también naturaliza este pavoneo machista, o eso me parece, ya que no despertó ni un ligero ademán en la «autoridad».
Estamos en un momento crucial para el feminismo, todo un desafío. El patriarcado es metaestable, como recuerda Celia Amorós; sabe adaptarse como nadie a cada contexto, situación y escenario. La tarea de la coeducación hoy radica en la despatriarcalización de los varones, aportar un discurso autorizado y de teoría crítica feminista contra la engañosa legitimación de voces machistas y oportunistas. Esto sólo será posible en el aula y no como apéndice sino como objetivo fundamental si a las/los docentes nos preocupa el futuro de nuestra sociedad. Si prevenimos el alcoholismo, si concienciamos en educación vial o en el medio ambiente, si promocionamos hábitos de vida saludables, ¿no será una dejación de funciones, una irresponsabilidad ética y profesional, dejar campar a sus anchas el discurso patriarcal postmoderno? A fin de cuentas, la falta de herramientas entre esos chicos forma parte de su juventud convirtiéndolos en víctimas de un patriarcado seductor reforzado con un capitalismo salvaje que los alimenta de un individualismo neoliberal insaciable. La mente precaria de nuestros jóvenes encaja a la perfección con un precariado existencial, moral y político.
Propongo una inteligencia feminista frente a la dominación masculina. Una inteligencia natural frente a la artificial no liberada de patriarcados. Paremos los discursos negacionistas, ultraconservadores y patriarcales expandidos en la cotidianidad de nuestras aulas. Abandonemos esa ingenuidad que supone un «progreso» continuo por sistema, por inercia, por defecto. En derechos humanos, en igualdad entre hombres y mujeres, en avances o retrocesos feministas, nunca quedarán blindados in saecula saeculorum.
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