Opinión | Bolos
El silencio del Valencia
El club de Mestalla calla ante la denuncia al aficionado del sector 5 por insultos racistas

J.M. Bort
Una prueba más de que el Valencia CF está deslocalizado es su silencio ante un caso claro de xenofobia. Lo tenía a huevo. Bastaba con un gesto para despejar cualquier sombra tras el episodio Vinicius, cuando tres descerebrados mancharon el nombre de Mestalla y de toda València. Hasta LaLiga ha pedido personarse en la causa abierta por la Fiscalía de Delitos de Odio contra el aficionado del sector 5, denunciado por insultos racistas que se escuchan con nitidez en los audios publicados este periódico. Peter Lim trajo la debacle deportiva de un club que fue referencia en Europa. También rompió el vínculo con la ciudad. Lo que no imaginábamos era el desprecio hacia los más de 40.000 fieles que siguen llenando el estadio, pase lo que pase.
Durante los partidos, los videomarcadores lanzan mensajes contra la violencia y los insultos. Es una obligación de LaLiga, porque el Comité de Competición y la Comisión Antiviolencia rastrean cada jornada los cánticos que cruzan la línea. Una rutina que intenta poner freno a una lacra sancionable por la Federación y por la ley que combate la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte. Todo muy correcto, pero también muy automático.
El domingo pasado, ante el Betis, los inspectores de LaLiga registraron cuatro episodios racistas en Mestalla. Minutos 23, 62, 76 y 83. Insultos a un jugador rival y otros genéricos al conjunto bético. Todos salieron de esa grada que ya no anima, avergüenza. La misma que Lim convirtió en reflejo del declive, en símbolo del desapego, en herida abierta del valencianismo.
El Valencia dejó de ser competitivo, rocoso, indomable. Perdió el alma que asustaba a los grandes y ahora sobrevive entre sufrimientos por evitar el descenso. Ahora, lo tenía todo para ganar la liga del respeto, esa que no da puntos, pero sí dignidad. Pero ni esa. El silencio retrata a un club que se aleja cada día más de su gente, de su historia y de sí mismo. Mestalla sigue en pie. Lo que se ha derrumbado es la decencia.
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