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Opinión | Entre bambalinas

València

Rugidos en Cheste, silencio en Mestalla

La noria, uno de los nuevos atractivos del Circuit

La noria, uno de los nuevos atractivos del Circuit / Francisco Calabuig

El rugido de las motos llena el circuito Ricardo Tormo de Cheste para cerrar la temporada de MotoGP con la pasión, el color y la fidelidad que han convertido a este Gran Premio en una cita imprescindible del calendario. Miles de aficionados están llegando desde toda España y medio mundo para celebrar la velocidad y la emoción con el espíritu valenciano de fiesta y resistencia.

Sin embargo, a apenas una decena de kilómetros, en Mestalla reina el silencio, la resignación y el desconcierto. La ciudad que antaño presumía de tener un club que alimentaba a la selección española —hasta siete jugadores en 2007 (Albiol, Marchena, Albelda, Joaquín, Angulo, Silva y Villa) y otros tantos repartidos en otras selecciones— asiste resignada a una evidencia dolorosa: no hay ni un solo futbolista del Valencia CF en la convocatoria de la España de Luis de la Fuente que se enfrenta a la Georgia de Mamardashvili . Ninguno. Tampoco, tras la marcha de Corona, un director deportivo que esté atentó a que perla fichar para reforzar de forma inminente al equipo,

No es una anécdota; es un síntoma. Un reflejo fiel de la decadencia institucional, deportiva y emocional de un club que fue orgullo de una ciudad y que hoy sobrevive entre la desafección y la indiferencia. El Valencia CF, que hace dos décadas competía con los mejores de Europa, es hoy una sombra gestionada desde la distancia, sin proyecto, sin referentes, sin identidad. La cantera —esa que durante años surtió a la selección de talento y carácter— languidece entre el desinterés y la desinversión.

Mientras en Cheste se mantiene viva una tradición que ha resistido pandemias, danas y crisis, el Valencia CF parece haberse rendido. El año pasado, la lluvia obligó a suspender el Gran Premio pero este año, nada frenará a los pilotos ni a los miles de aficionados que llenarán las gradas. En el deporte del motor, Valencia demuestra que todavía sabe organizar, competir y emocionar. En el fútbol, en cambio, parece haber olvidado quién es.

Quizá ahí resida la verdadera metáfora del momento: en Cheste, el rugido de los motores simboliza que se sigue mirando al futuro con energía; en Mestalla, el silencio de la grada refleja la nostalgia de un pasado que, parece, tardará en volver. El deporte, como la vida, premia la pasión y castiga la resignación.

El GP de Cheste vuelve a hacer que el deporte mire hacia Valencia este fin de semana. Ojalá algún día el Valencia CF, por éxito y no por descrédito o polémicas, vuelva a hacerlo también. Solo el tiempo lo dirá.

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