Opinión | EDITORIAL
La transición ordenada en la CEV
El relevo entre Salvador Navarro y Vicente Lafuente representa una lección de madurez institucional que protege el valor más importante que la patronal de la Comunitat Valenciana ha construido en estos años, su estabilidad

Salvador Navarro y Vicente Lafuente, en una asamblea reciente de la CEV / Germán Caballero
La Confederación Empresarial de la Comunitat Valenciana (CEV) ha culminado un relevo de enorme significado con la salida de Salvador Navarro y la llegada de Vicente Lafuente a la presidencia. En un tiempo en que parte de la vida pública han convertido el ruido en norma, la patronal valenciana ha optado por un cambio metódico, pese a algunas fisuras visibles, que reafirma la importancia de la organización en nuestra arquitectura económica, y con un mensaje inequívoco de estabilidad.
Pocas entidades han experimentado en la última década una transformación tan profunda como la CEV. Bajo el liderazgo de Salvador Navarro, la patronal se convirtió en una voz autonómica fuerte, reconocida y con capacidad de interlocución tanto en València como en Madrid. Ese proceso de integración, que en su momento generó resistencias, ha terminado consolidándose como uno de los grandes logros de la etapa Navarro.

Esteban San Canuto
La CEV es hoy, sin duda, la plataforma que articula los intereses de un ecosistema empresarial diverso, complejo y cada vez más exigente.
Es desde esa perspectiva cuando debe entenderse la importancia del relevo. Navarro, que ha gestionado crisis económicas, conflictos internos y distintas etapas instituciones, decidió no optar a la reelección cuando percibió que la falta de unanimidad podía derivar en una contienda interna que debilitara a la organización precisamente en un momento en que más firme debe mostrarse.
Entra en escena Vicente Lafuente, hasta ahora presidente de Femeval, una de las federaciones sectoriales más fuertes y cohesionadas del empresariado valenciano. Lafuente llega con el aval de su experiencia en el metal —un sector clave del futuro industrial de la Comunitat Valenciana— y el del consenso interno. No hubo alternativa a su candidatura, porque, en realidad, no había voluntad de abrir un proceso de confrontación. Y eso, en tiempos turbulentos, ya es un dato relevante.
El nuevo presidente aterriza con un discurso que encaja con lo que la CEV necesita ahora: cohesión interna, neutralidad política y una mirada pragmática hacia los retos que el tejido productivo tiene por delante. La Comunitat Valenciana necesita estabilidad regulatoria, mejora de infraestructuras, avance en la transición energética, un impulso decidido a la Formación Profesional y una estrategia clara de reindustrialización. Y la CEV debe mantener una posición nítida, alejada del ruido, pero firme en sus exigencias.
Lafuente ha insistido desde el primer día en que la patronal debe permanecer fuera de cualquier batalla política. El contexto autonómico y estatal vive una polarización creciente, y la presión para arrastrar a las instituciones económicas hacia trincheras ideológicas es cada vez mayor. Precisamente por eso, una CEV independiente resulta imprescindible para defender los intereses empresariales sin convertirse en actor político.
El reto territorial también será clave. La CEV debe seguir equilibrando sensibilidades entre València, Alicante y Castellón. Lafuente deberá gestionar ese debate con sutileza y determinación, consciente de que solo una patronal vertebrada puede influir en la Generalitat con la fortaleza suficiente.
Del mismo modo, la CEV tiene por delante el desafío de acompañar la transformación del tejido productivo. No es casual que Femeval esté impulsando nuevas inversiones en formación para afrontar los cambios tecnológicos. El metal, como otros sectores industriales, reclama personal cualificado y estrategias de adaptación a un mercado que se reconfigura a gran velocidad. Si la CEV quiere hablar en nombre de la economía real, tendrá que situar estas prioridades en el centro de su acción.
La economía valenciana afronta un tiempo de desafíos enormes, pero también de oportunidades. Y lo hace con una CEV consciente de su papel y dirigida por una figura que conoce el terreno. En una Comunitat Valenciana donde los relevos suelen dejar heridas, el de la CEV demuestra que aún es posible otra manera de hacer las cosas.
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