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Opinión

València

“Bendito” 20 de noviembre

Primera misa del 20-N tras la exhumación de Franco en la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos

Primera misa del 20-N tras la exhumación de Franco en la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos / Levante-EMV

Cada 20 de noviembre salta la polémica con las misas en honor al dictador Franco.

A mí no me extraña que se hagan, porque viendo la trayectoria histórica de la Iglesia Católica, es comprensible que vean como normal, ensalzar a un dictador sanguinario. Es bueno saber hasta dónde llega la laxitud moral y de qué lado de la historia parece que a algunos les gustaría estar.

Desde que el cristianismo se convirtió en Religión de Estado con Constantino I, año 313, toda la maquinaria eclesial se ha volcado en falsificar, ocultar o inventar miles de documentos (vidas, milagros, dogmas, bulas,…), durante siglos han sido señores feudales y por tanto, dueños de tierras y vidas, han hecho uso de excomuniones para salvaguardar su doctrina, crearon la criminal Inquisición para eliminar a quienes no aceptaban sus postulados, quemaron mujeres y científicos, persiguieron la ciencia, censuraron libros, acapararon propiedades, abusaron de las personas con privilegios como el diezmo y la pernada, han participado en todas las guerras europeas bendiciendo las armas de todos los bandos, y ya en tiempos más cercanos, la Iglesia ha apoyado o convivido sin problema con dictaduras varias (Franco, Trujillo, Videla,….), eso sí, en todos los casos, distanciándose oportunamente cuando se atisbaba el final del régimen (acuérdense del cardenal Tarancón).

Nos quejamos y algunos hasta se sorprenden, del desconocimiento que muchas personas, sobre todo jóvenes, tiene del papel de la Iglesia Católica en nuestra historia reciente. Parecen olvidar o no saber el enorme poder que tiene la Iglesia en el diseño y formulación de la política educativa, subvencionada, además, con generosos conciertos económicos. Poder eclesial reforzado por la moderación y el temor que todas las fuerzas progresistas y democráticas han demostrado a la hora de enfrentarse a la Iglesia una vez acabada la dictadura.

Moderación y temor que continua a estas alturas del siglo XXI, como lo demuestra el hecho de querer “resignificar” el Valle de los Caídos, pero manteniendo la descomunal cruz en la montaña y permitiendo que continúen en el lugar unos monjes benedictinos que son un reducto del más puro y rancio fascismo, pues llevan años incumpliendo la legislación que impide realizar apología de la dictadura y del dictador Franco. En la misa que celebran todos los días a las 11 de la mañana repiten una frase que discrimina a republicanos y anarquistas enterrados en las criptas y enaltece a los caídos por Dios y por España: “Para que los caídos, asociados a la muerte redentora de Cristo, descansen eternamente”.

También parece poco conocido, el apoyo que la Iglesia Católica siempre dio a las fuerzas derechistas (monárquicos, conservadores, liberales) que a lo largo de la historia han sido las responsables del enorme retraso cultural, político y económico de España, cosa que fácilmente explica la gran hostilidad que, durante la Segunda República, la Iglesia generó en una población entre hambrienta y analfabeta.

Ese desconocimiento, nos lleva a otra interpretación errónea del papel de la Iglesia Católica.

El error consiste en pensar que la Iglesia, simplemente apoyó la dictadura. No es que la apoyara, es que la Iglesia siempre fue una parte fundamental y necesaria de la dictadura, como lo prueba que todos los sueldos de la estructura eclesial eran pagados por el Estado, que los obispos eran nombrados por el dictador, la extensa red de espionaje basada en los confesionarios, el hecho que la Iglesia hacía y deshacía a su antojo con toda impunidad, adquiriendo propiedades o siendo partícipe de la trama del robo de miles de bebés, primero por motivaciones políticas (madres republicanas) y más tarde por puro negocio económico.

Esa falta de escrúpulos y sensibilidad de la Iglesia Católica al hacer o permitir misas al dictador, cuadra perfectamente con el hecho que durante décadas hayan estado cometiendo con total impunidad, miles de abusos sexuales con menores. Como mucho, al abusador se le cambiaba de parroquia o incluso de país, sin que nadie, incluso las víctimas y sus familias, pudieran tomar ninguna acción, temerosos de enfrentarse, no ya a la jerarquía católica, sino al mismo aparato represor de la dictadura, que nunca reconoció, y por tanto nunca investigó ni condenó esos execrables hechos (674 casos confirmados y una previsión de 445.000 personas abusadas según informe del Defensor del Pueblo).

Así pues, “Bendito” 20 de noviembre, que cada año nos permite recordar y sacar a la luz que la falta de ética, moralidad y humanidad de la Iglesia Católica, es la pauta que lleva siglos definiendo sus actuaciones en la historia de España.

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