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Opinión

València

Los hombres que odian que las mujeres naden

Imágenes de la manifestación con motivo del 25N en Málaga.

Imágenes de la manifestación con motivo del 25N en Málaga. / Álex Zea - Europa Press / Europa Press

Cuando acudo a la piscina en la que suelo nadar, me viene a la cabeza un reportaje que leí este verano que relataba las dificultades de las mujeres de Somalia para bañarse y nadar en las playas. No lo tienen prohibido formalmente, pero les acecha el miedo al acoso, a la vergüenza pública, a la reprobación social o religiosa. El artículo recogía el testimonio de varias jóvenes que explicaban que nadar en el mar —vestidas, porque ni hablar de bañador— suponía un momento único, casi clandestino y muy liberador.

Nadar, pienso, debe ser lo más parecido a volar. La sensación de ingravidez, de ligereza, como si el cuerpo pasara a un segundo plano y solo existiera el pensamiento. Privar a una mujer de ese instante tan sencillo y vital es negarle algo más que una actividad física. Es robarle la posibilidad de sentirse libre, de fluir, de existir de otra manera, sobre todo a quienes, como las mujeres somalíes, arrastran una vida de sometimiento.

Esta limitación tan gratuita y cruel debería hacernos ver que los 25 de noviembre no son meros trámites, fechas pautadas para declaraciones oficiales, campañas y movilizaciones. No digo que no sean necesarias —la concienciación es fundamental—, pero deberíamos abordarlas con la clarividencia de que, mientras en España hemos avanzado (con una normativa potente, aunque insuficiente), hay países donde ni siquiera está permitido hablar de derechos.

La maliense Aminata Soucko, activista contra la mutilación genital, lo cuenta sin adornos en cada foro que participa: un relato duro, de una vida de penalidades extremas, aunque en su caso, con un final de supervivencia y lucha.

Por eso, resulta tan frustrante comprobar cómo se ignoran estas realidades. Aquí, además de asistir a la propagación de discursos negacionistas, nos toca convivir con personajes como Luis Rubiales, tan ofendidos y tan intrigados por lo que parece ser la gran cuestión filosófica de nuestro tiempo: “¿Por qué las feministas odian a los hombres?”, se pregunta alguien incapaz de entender lo básico respecto a la libertad de las mujeres.

Porque este y los restantes 25N la pregunta que debemos repetirnos no es, evidentemente, esa, sino otras: ¿por qué hay tantos hombres en el mundo que odian a las mujeres, que las violan, las silencian, les niegan la libertad? En definitiva, ¿por qué hay hombres odian que las mujeres naden?

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