Opinión
La música nos salva

Instrumentos dañados de la Banda Sinfónica de Aldaia / Levante-EMV
Hoy es Santa Cecilia, patrón de los músicos. Una fecha para reivindicar que la música no es solo un arte, sino un refugio emocional, una herramienta terapéutica y un puente entre personas y comunidades que, de otro modo, nunca se encontrarían.
En un mundo acelerado, donde la sobreinformación y el estrés son moneda corriente, la música cumple un papel decisivo como vía de escape. Escuchar una melodía puede relajar la mente, y tocar un instrumento puede convertirse en un acto de meditación activa. La musicoterapia ya es una disciplina consolidada y avalada científicamente, capaz de acompañar procesos de dolor, ansiedad o deterioro cognitivo. Pero incluso sin nombres técnicos, todos conocemos ese poder: la música nos conecta con nuestra parte más humana.
Y si hablamos de música como identidad y comunidad, Valencia es un ejemplo. Las bandas de música no son solo agrupaciones artísticas sino la columna vertebral cultural de muchos pueblos y barrios enteros. En ellas conviven generaciones, se transmiten valores y se construyen vínculos que duran toda una vida. En cada ensayo, en cada pasacalle, late una historia compartida que define a la sociedad valenciana tanto como sus fiestas o su gastronomía.
Por eso, el golpe que supuso la dana del 28 -O fue especialmente duro. El agua arrasó locales de ensayo, dañó instrumentos y dejó a muchas sociedades musicales sin su espacio vital. La imagen de salas inundadas y cientos de instrumentos inutilizados simbolizó, por unos días, la fragilidad de un patrimonio cultural que a menudo damos por sentado.

Local de ensayo de la Banda Sinfónica de Aldaia / Levante-EMV
Pero lo más importante vino después: la reacción. Las bandas no se detuvieron. Con un esfuerzo enorme, apoyo colectivo y una resiliencia que solo se entiende cuando la cultura es parte de la identidad, lograron sobreponerse. Buscaron locales provisionales, restauraron lo salvable, organizaron campañas solidarias y volvieron a ensayar mucho antes de que los daños materiales estuvieran completamente reparados. Porque la música —su música— no podía detenerse.
Hoy, en el Día Internacional de la Música, mirar hacia atrás sirve para recordar que la cultura no es un lujo: es una necesidad. Es terapia, es comunidad, es constancia y esperanza. Valencia lo sabe bien, porque en cada una de sus bandas hay una lección silenciosa: cuando la música se detiene, la vida pierde ritmo; cuando vuelve a sonar, sabemos que seguimos adelante.
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