Opinión
Voces que indignan

El presidente de EEUU, Donald Trump / Europa Press/Contacto/Andrew Leyden
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, hizo gala de su misoginia verbal hace unos días cuando una periodista de la agencia Bloomberg le preguntó por su relación con Jeffrey Epstein. “Cállate, cállate, cerdita” le respondió. Las crónicas cuentan que fue en el marco de un encuentro informal de los que suele mantener el mandatario con profesionales de los medios de comunicación en su residencia de Mar-a-Lago, donde procura ir los fines de semana. Ahora sabemos que allí, además de relajarse y jugar al golf, pasea su odio hacia las mujeres a la mínima oportunidad. Lo peor es que no se trata de la primera vez y tampoco será la última. El perfil del personaje da cuenta de ello con numerosos precedentes entre los que se encuentra una condena por agresión sexual a una columnista en 2023. La voz que indigna al mundo.
Hace una semana, un hombre mataba a su mujer y después se suicidaba en la localidad de Alpedrete. Solo fueron cincuenta puñaladas. A los pocos días, el alcalde del Partido Popular en este municipio justificaba el crimen diciendo que no había sido por odio, quería mucho a su mujer. Previamente, los hijos de la víctima publicaron una carta en la que señalaban al sistema en general como responsable de lo ocurrido. Pero una cosa son los hijos y su derecho a expresar lo que consideren desde los amplios márgenes de su dolor y otra lo que dice un alcalde. Para rematar salió la presidenta madrileña defendiendo la posición del primer edil calificándola de certera. Díaz Ayuso se sumaba a la tesis negacionista haciendo gala de ese trumpismo cañí que la caracteriza. El alcalde, al final rectificó. Pero sus voces ya quedaron para la indignación.
Luego están los bordes de las cosas. Por ejemplo, está el de la derecha y su más allá. El 20 de noviembre, la alcaldesa de València se pronunciaba en un programa de radio de la cadena Onda Cero en relación con la dictadura franquista como una etapa de la historia con sus lados positivos y negativos. En la intimidad de su pensamiento, Catalá puede creer lo que considere del franquismo. Otra cosa es lo que una representante y responsable política debe o no debe verbalizar públicamente. Que a estas alturas no sepa hacer esa distinción, dice mucho. La democracia merece respeto y las víctimas de la dictadura también. Otra voz para la indignación.
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