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La palabra como herramienta para la paz

Este domingo se celebra el Día Internacional de la Palabra.

Este domingo se celebra el Día Internacional de la Palabra. / ED

El día 23 de noviembre se ha declarado Día Internacional de la Palabra, entendiendo que “la palabra es el vínculo de la humanidad”, y que el diálogo es la única forma de erradicar la violencia.

Frente a lo que algunos defienden con vehemencia de “si quieres la paz, prepara la guerra”, les contestaría diciendo “si quieres la paz, prepara la palabra” y con ella el diálogo, porque tengo el absoluto convencimiento de que el único camino de paz entre los pueblos tiene que ser la palabra y el diálogo, por muy difícil que parezca si miramos a nuestro alrededor y observamos los muchos conflictos patentes y latentes existentes en nuestro planeta.

En esta conmemoración del Día de la Palabra no quiero referirme sólo a lo que los Gobiernos y sus representantes deben hacer para preservar la paz en el mundo, no mediante la confrontación sino por medio del dialogo, que, siendo muy importante, parece que nos queda un poco lejano y que no nos atañe a nosotros, sino que quiero reflexionar para ver de qué manera cada uno de nosotros puede sacar alguna consecuencia práctica de la celebración de este día.

Para ello, voy a hablar de la palabra tomando en consideración dos aspectos: el individual y el colectivo.

En el plano individual la fuerza de la palabra es importantísima, porque una palabra puede:

Acercar o confrontar; decidir el comienzo o el final de una mediación o de una negociación; destruir la confianza en una persona y, también, acabar con la felicidad de alguien.

Como antídoto, mi consejo o sugerencia es el de utilizar en todo momento, por difícil que resulte, las palabras adecuadas en el ámbito familiar, en la enseñanza, en el Colegio, en la Universidad y en los Parlamentos, evitando descalificaciones y fomentando la escucha activa.

Propongo que antes de hablar y de hacer uso de la palabra tengamos muy presente “que uno es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios”, como expresa muy gráficamente el escritor estadounidense Francis Scott Fitzgerald cuando afirma que “la palabra es mitad de quien la pronuncia y mitad de quien la escucha”.

En este plano individual, quiero también hacer hincapié en el “poder” de las palabras, porque éstas despiertan emociones de todo tipo y con ellas se puede hacer reír o llorar, enamorar y desenamorar; pero la palabra es mucho más, porque también es compromiso, y sirva como ejemplo pensar en el valor que históricamente se le da a la palabra dada y empeñada; si bien, como dice la filósofa Adela Cortina, ahora se está prostituyendo, porque la palabra dada no sirve para nada; y sin embargo hace años su valor era impresionante porque en el campo cuando alguien daba la palabra ya estaba todo dicho y atado, y así en Valencia, el Tribunal de las Aguas funciona con la palabra, pero desgraciadamente hoy se está produciendo un vaciamiento de la palabra, que es letal para la sociedad.

Y en el plano colectivo, también con la palabra podemos alzar la voz para expresar libremente la denuncia de las injusticias y la vulneración de los derechos humanos. En este sentido, desde Fundación por la Justicia abogamos y defendemos que los grupos y los colectivos utilicemos la palabra para hacer una defensa contundente de la Justicia y contra la vulneración y el atropello de los derechos humanos y todo ello para colaborar a hacer una sociedad más justa, en donde se respete la dignidad de todos los seres humanos.

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