Opinión
Pilar Aguilar
¿Cómo ha dicho? ¿Congreso de un partido feminista?
Muchos opinan: ¿Un partido feminista? ¿para qué? ¿acaso no hay ya muchos partidos (PSOE, Podemos, SUMAR…) que se declaran feministas?

Archivo - Unas manos forman un triángulo (símbolo feminista), durante una manifestación por el 25N, a 25 de noviembre de 2023, en Barcelona, Cataluña (España). / Lorena Sopêna / EP
Imaginen este supuesto: un partido que se declarara una y otra vez antiterrorista, pero que, habiendo gobernado durante veintiocho años (siete de ellos con mayoría absoluta), no hubiera hecho prácticamente nada para acabar con el terrorismo. Es más, imaginen que no solo no hubiera promulgado ninguna ley contundente contra esa lacra, sino que, algunos de sus cargos (concejales, diputados, ministros) en sus ratos de ocio, pusieran bombas.
Imaginen, además, que todos los demás partidos del arco parlamentario actuaran de manera similar. O, peor, que ni siquiera se declararan antiterroristas. Dado este caso ¿quién censuraría que se creara un partido dispuesto de verdad a acabar con el terrorismo?
Bien, pues cambien, por ejemplo, “terrorismo” por “prostitución” y lo descrito en los párrafos anteriores es exactamente lo que ocurre en nuestro país… Inmediatamente habrá quien diga: Ya, pero es que el terrorismo es mucho más grave… Bueno, a las feministas no nos parece ninguna nadería que haya en torno a 150.000 mujeres a las que cualquiera puede sobar, penetrar, babear, maltratar. Claro que añadirán: “Ellas quieren”. ¿Quieren? Claro, y si no existiera una ley prohibiendo trabajar más allá de un determinado número de horas y por menos de un determinado salario, habría muchas personas (emigrantes, sobre todo) que “querrían” hacerlo. Y si la ley no prohibiera comprar y vender órganos, también muchas personas “querrían” vender su riñón o su córnea. Igual que si no estuviera prohibido pagar a alguien para poder escupirle, insultarle, pegarle, humillarlo, seguro que algunos “querrían” someterse a ese trato (recientemente hemos visto casos así en internet). De modo que lo del “querer” no es un argumento válido. La pregunta válida, sin embargo, es ¿hay que permitir ciertas prácticas solo porque algunos “quieran”? Y concretamente ¿es aceptable y compatible con la defensa de los derechos humanos que un tipo compre el derecho de babear, sobar, manosear y penetrar a una mujer?
Con todo, habrá quienes sigan pensando que, como el terrorismo mata, es mucho más grave. Bien, pues veamos: a fecha del 15/11/2025, han sido asesinadas 79 mujeres (las cifras que da Ministerio son menores porque únicamente contabiliza los asesinatos cometidos en el marco de una relación de pareja o de expareja, excluyendo, pues, a madres, hijas, vecinas, desconocidas, mujeres prostituidas, etc.).
¿Qué pasaría si una organización terrorista matara semanalmente a una o dos personas? ¡Qué horror! Dirán. Y, entonces ¿por qué lo que les ocurre a las mujeres no levanta la misma indignación ni alarma? Esa es la pregunta. Párense a pensar. Piensen, por favor.
Otro espanto, por ejemplo, las violaciones, (una media de cuatro denuncias diarias y, ojo, todos los estudios señalan que la mayoría de las violaciones no se denuncian). ¿No tendrían que realizarse campañas masivas concienciando a la población sobre estas y las otras violencias que padecen las mujeres? ¿No tendría que existir una educación para la igualdad potente, seria, constante y que permeara todo el sistema educativo? ¿Y cómo es posible que no se pongan cortapisas a plataformas como Onlyfans ni a la difusión de pornografía que embellece y propaga una sexualidad agresiva y violenta?
Ante semejante panorama, las feministas nos preguntamos ¿de qué sirve que toda esa colección de partidos se autoproclame feminista? ¡Ah, sí, dicen que van a incluir el derecho al aborto en la Constitución!… ¿Y acaso no está también incluido en la Constitución el derecho a la vivienda? Y no, no nos oponemos a que incluyan el derecho al aborto, pero lo que exigimos, lo que nos importa, es que el aborto sea una prestación sanitaria que todos los hospitales públicos atiendan obligatoriamente y exigimos que no haya ningún ginecólogo en esos hospitales que se niegue a practicar abortos.
Y así podríamos seguir, desgranando exigencias feministas que los partidos ignoran: acabar con la feminización de la pobreza y del trabajo precario, la sobrecarga de los cuidados, la pésima atención sanitaria a los problemas específicos de las mujeres…
Conociendo estas realidades ¿cómo es posible que alguien nos reproche que hayamos creado nuestro propio partido?
¿Acaso ignoran que las mujeres somos la mitad de la humanidad? Nuestros problemas no son asunto marginal ni de segunda categoría. Mejorar la vida de las mujeres equivale a mejorar la vida de toda la humanidad ¿tanto cuesta entenderlo?
Pues aviso: las feministas tenemos una tradición de siglos de lucha. Nunca cejaremos ni nos resignaremos.
A nuevos desafíos, nuevas respuestas. Y, en la fase histórica que vivimos, sabemos que, para avanzar, hemos de ganar poder político. Por eso hemos creado el PFAC, Partido Feministas al Congreso.
Y para fortalecerlo aún más, vamos a celebra nuestro primer Congreso en Valencia bajo el lema: “Juntas hacemos historia”.
Y así será, seguro.
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