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Opinión

València

Negación al orden internacional

Frente a Trump y Putin, es urgente sostener un mundo basado en normas, respeto, cooperación, diálogo y negociación, sin negar la idea del multilateralismo que emergió tras la Segunda Guerra Mundial

Marco Rubio, ante la prensa en Ginebra, donde se desarrollan negociaciones de paz para Ucrania.

Marco Rubio, ante la prensa en Ginebra, donde se desarrollan negociaciones de paz para Ucrania. / MARTIAL TREZZINI

La esperanza por un mundo mejor se desvanece cada vez que el multilateralismo fracasa. Donald Trump vuelve a jugar al solitario con la política internacional. Ahora hilvana un plan de paz para la guerra en Ucrania, pero sin Zelenski. Y sin la Unión Europea. Algo similar, salvando las distancias, a lo que hizo en relación con la guerra de Gaza en Oriente Medio, con el genocidio israelí sobre el pueblo palestino. Rusia está en el ajo y los demás asisten como actores secundarios cuando en realidad son también protagonistas. Sobre todo, la invadida Ucrania. Así es como se encamina el nuevo orden internacional desde que el populista accediera a la Casa Blanca en este segundo mandato. Quiere dominar el tablero de juego del mundo y lo está consiguiendo.

Tragaremos con ello por la necesidad de poner fin al horror, por evitar más vidas precipitadas a la muerte por la sinrazón de la guerra. Como hicimos con el plan de paz para Gaza que, por cierto, hace unos días ratificó el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Y, aunque puede parecer un éxito, no es así como deben conducirse las negociaciones y su resolución pacífica en cualquier conflicto sino al revés. En el caso de Ucrania la guerra es de base imperialista y sus consecuencias alcanzan al continente europeo. Es un insulto que la hoja de ruta para poner fin a la invasión rusa la diseñen Trump y Putin al margen de los demás.

Hablemos de política, porque esto solo es poder, dominio: un supremacista que ansía poner de rodillas a la Unión Europea con la connivencia de un tirano. Hablemos de las consecuencias de ello, porque las habrá. Sin demora. Puede que algún día despertemos y sea tarde. ¿Para qué? Para reconstruir el orden mundial. Para que la política y su ejercicio estén al servicio de la humanidad y no al revés. Y no hay mayor garantía para ello en un mundo profundamente interconectado como el actual que el multilateralismo. Hoy Trump se ha puesto el traje de pacificador, pero ¿y si mañana se lo cambia? ¿Acaso el perfil del personaje no invita a dudar de que lo pueda hacer? Por eso, decía, sin demora. Porque es urgente sostener un mundo basado en normas, respeto, cooperación, diálogo y negociación. Sin negar la idea del multilateralismo que emergió tras la devastadora Segunda Guerra Mundial.

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