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Opinión | En el barro

València

Mazón es el peor enemigo de Llorca

Entre las cinco y las ocho de la tarde hay una diferencia tan grande que revuelve las entrañas. Podríamos hablar de muchas cosas, pero lo importante en estas horas es hablar de algo más básico: simplemente respeto. A la verdad y la ciudadanía

Mazón, en primer término, y Pérez Llorca.

Mazón, en primer término, y Pérez Llorca. / Ana Escobar

Alguien decía hace unas horas que el gran desafío de Juan Francisco Pérez Llorca, si sale este jueves de las Corts con destino al vecino Palau de la Generalitat, es la reconciliación con la verdad. Poco después, la instrucción judicial volvía a dejar en evidencia al president en funciones, Carlos Mazón, y ponía aún más de relieve la necesidad de reconducir la relación de la institución con la realidad. Esto no tiene nada que ver con estrategia política. Es simplemente una cuestión de respeto a los valencianos.

La cosa es sencilla. Horas después de la peor catástrofe en décadas, ante las primeras preguntas sobre la agenda del jefe del Consell ese día, Presidencia deslizó que a eso de las 17.00 horas ya estaba en el Palau siguiendo los acontecimientos. Poco después empezó a saberse que había estado en una comida y, cuando el secreto del comensal ya no pudo aguantar más, salió el nombre de la periodista y entonces se dijo que el almuerzo acabó a las 17.40 y el president llegó a las 18.00 al Palau. Más tarde, cuando Maribel Vilaplana decidió contar (¡el 5 de septiembre de este año!) que el encuentro finalizó entre las 18.30 y las 18.45, Mazón retrasó la hora de llegada al despacho a las 19 horas (así lo dijo en las entrevistas del Nou d’Octubre). Y ahora sabemos que la periodista retiró a las 19.47 su coche del aparcamiento y hasta allí fue con ella el president. El dato viene a confirmar lo que algunos testigos presenciales se atrevieron a destapar hace poco: que llegó cerca de las 20.00 al edificio de la presidencia. Según fuentes que han demostrado su crédito, ella lo acercó en su coche hasta las proximidades.

Entre las cinco y las ocho de la tarde hay una diferencia tan grande que revuelve las entrañas. Es increíble justificar como un fallo de memoria decir que estabas a las 17 horas en el Palau cuando cerca de las 19.47 estabas en la puerta de un aparcamiento y no habías llegado al despacho.

La periodista Maribel Vilaplana, a su salida de los juzgados de Catarroja tras declarar el 3 de noviembre.

La periodista Maribel Vilaplana, a su salida de los juzgados de Catarroja tras declarar el 3 de noviembre. / Ana Escobar / EFE

Que no vengan con lamentos contra conjeturas, elucubraciones y bulos sobre lo sucedido la famosa tarde, porque quienes los han fomentado han sido los dos protagonistas de ese almuerzo con su huida pertinaz de la realidad. En especial, el president, que tiene una responsabilidad ante los ciudadanos y ante la institución.

Podríamos hablar de los recorridos de ese día o de los hechos fácticos de la llegada al Cecopi. Podríamos hablar de los manuales de crisis, que aconsejan transparencia y encararse rápido con la realidad. Podríamos. Pero creo que lo importante en estas horas es hablar de algo más básico: simplemente respeto. A la verdad y la ciudadanía.

Pérez Llorca no tendrá mañana a sus principales enemigos en la parte izquierda del hemiciclo. Lo tendrá en la bancada de los suyos. Muy cerca. Mazón se lo ha puesto muy difícil. Lo único bueno para él es que a los aliados de Vox les ha dado igual hasta ahora la actuación del president. Lo suyo es Pedro Sánchez.

El candidato ha podido entender en estas horas que este es el horizonte que viene: un terreno de minas que pueden explotar en cualquier momento, al margen de su estrategia. Llorca se encuentra el último (por ahora) cartucho de dinamita de su predecesor cuando podía presumir de una pequeña victoria ante Vox tras confirmar estos que no habrá documento de acuerdo. Llorca no quería escena de salón y así ha sido. La pregunta ahora es la factura de esta concesión. De momento, el elegido tiene más claro desde ayer que la ultraderecha y Mazón van a ser los grandes invitados de su etapa en el Palau.

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