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Opinión | Bolos

Director de Levante-EMV

El bumerán contra el falso relato

La Generalitat se ha quedado muda y ha dejado a la vista todas las costuras de Mazón

Llegada del Rey a la inauguración del curso universitario.

Llegada del Rey a la inauguración del curso universitario. / F. Bustamante

La mañana empezó torcida por la humillante ausencia institucional de la Generalitat tanto en el acto de apertura del curso universitario español como en la ceremonia de entrega de los Premios Jaume I —nuestros Nobel—, y ese vacío institucional dejó a la vista todas las costuras del relato que Mazón lleva un año abonando sin sonrojo. No fue un gesto, fue un síntoma. Y de los graves.

La historia de aquel 29 de octubre, la de la hora más oscura de la dana, vuelve como un bumerán. El coche de Maribel Vilaplana acercando a Mazón al Palau al filo de las ocho, en la peor tarde de lo que llevamos de siglo. La comunicadora faltó a la verdad en el juzgado de Catarroja y Mazón arrastró a los suyos por el mismo sendero. Asumieron su autoficción, lo defendieron con ardor en las Corts, el Congreso y en las reuniones del PP. Todos han quedado retratados. Les tocará salir en procesión a explicar que también fueron víctimas del engaño. La lista es larga, así que quien mueva ficha antes, respirará mejor.

La hipoteca reputacional, esa que lleva un año acumulando intereses, explotó este supermartes. La Generalitat, nuestro máximo símbolo institucional, muda y fuera de foco en dos actos donde se la esperaba sin discusión. En el programa del Paraninfo, incluso, constaba la intervención del president. Allí estaban José Antonio Rovira y tres consellers más, en la Lonja los dos vicepresidentes, pero los Jaume I también se quedaron huérfanos de la palabra de la máxima autoridad valenciana.

Mientras tanto, el Rey —que sí estuvo— recordó a las víctimas de la dana y apeló a reconstruir con sentido, con mensajes que encontraron eco en la rectora Mavi Mestre y en Vicente Boluda. Dos discursos cargados de memoria y gratitud frente a un silencio autonómico que retumbó más que cualquier intervención. Porque en esos dos edificios que representan la fuerza académica, científica y comercial de esta tierra, hasta las piedras parecen tener alergia a las mentiras.

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