Opinión | Bolos
El último baile

Carlos Mazón llega al Palau de la Generalitat. / E.P.
Hay políticos que se van con discreción. Otros, con lágrimas. Y después está Carlos Mazón, que ha decidido salir del Palau con Rosalía de fondo, como si su dimisión fuera un videoclip y no el epílogo de una tragedia con 229 muertos. Que elija como banda sonora de su despedida un tema de Rosalía es algo más que una impostura: suena a todo menos a arrepentimiento. Mientras toda la Comunitat Valenciana sigue preguntándose dónde estaba exactamente durante las horas más críticas de la dana, él opta por marcharse al ritmo de un hit. Como si una coreografía improvisada compensara meses de versiones que cambiaban más que una lista de reproducción en manos de un adolescente.
Porque el problema no es la banda sonora; es la letra, que sigue sin encajar. La dimisión, presentada como sacrificio personal, no aclara los minutos perdidos ni explica las decisiones tardías. Que ese epílogo coincida con el momento en que la presión judicial y mediática le deja con poca escapatoria demuestra que todo ha sido calculado para sobrevivir. Cada matiz retocado tenía como objetivo ganar tiempo, no ofrecer claridad. Durante meses hemos arrastrado la tragedia al compás de un relato con versiones que cambiaban al ritmo de informaciones contrastadas y de la instrucción judicial. Hoy sabemos que todo ocurrió mucho más tarde de lo declarado. No es una secuencia de errores inocentes: es un remix adaptado a cada filtro —Corts, Congreso, prensa, justicia—, con el único objetivo de ocultar lo que pasó. A estas alturas, parece que la verdad nadie la quiere cantar.
El relevo por Juan Francisco Pérez Llorca debe ir acompañado de un compromiso real con la transparencia; de lo contrario, quedarán abiertos muchos interrogantes. También de garantías de regeneración para que la Comunitat Valenciana deje atrás este estado de excepción moral. Lo urgente ahora no es cambiar de canción, sino de partitura, para reconstruir con criterio y consenso. No estamos para más épicas, sino para conocer la verdad.
La anatomía de esta tragedia no merece cerrarse con la música de Rosalía.
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