Opinión
El aire que respiramos: València necesita coneixement i trellat, lo dicen los datos, no la ideología
La discusión actual sobre la ZBE no debe ser ideológica, es de salud pública. Los estudios de la UPV demuestran cuáles son los escenarios que reducen eficazmente la contaminación y permiten cumplir con el mandato de la Unión Europea

Señalización de zonas de bajas emisiones / L-EMV
València se encuentra inmersa en un debate crucial para su futuro inmediato. La negociación entre el gobierno municipal y la oposición sobre la Zona de Bajas Emisiones (ZBE) para la reducción de la contaminación atmosférica no debe ser solo un pulso político ni una cuestión administrativa relacionada con el cumplimiento de una norma europea. Es un asunto de salud pública, de calidad de vida y de responsabilidad hacia toda la ciudadanía, especialmente hacia los colectivos más vulnerables: los niños y las mujeres embarazadas, las personas mayores, quienes padecen enfermedades respiratorias, cardiovasculares o mentales y los colectivos con menos recursos, que suelen vivir en las zonas más expuestas. Todos necesitamos una ciudad con menos contaminación y calles más saludables.
En medio de esta discusión, los ciudadanos observamos con preocupación cómo los desacuerdos políticos pueden poner en riesgo tanto la subvención europea concedida para desarrollar la ZBE como la posibilidad real de avanzar hacia una ciudad más amable y sostenible, con aire más limpio. A través de comunicados de diferentes asociaciones vecinales, la sociedad civil ha sido clara: no quiere un acuerdo de mínimos para cubrir el expediente. Quiere un acuerdo de verdad, útil y valiente, que permita reducir de forma efectiva los contaminantes derivados del tráfico rodado y que ayude a consolidar una cultura de movilidad sostenible en València.
Los datos lo confirman: ordenar la movilidad reduce significativamente la contaminación
Desde la Universitat Politècnica de València hemos querido contribuir a este proceso con aquello que como universidad pública debemos ofrecer: rigor científico, análisis metodológico y evidencia objetiva, concretamente en el marco del proyecto de investigación AVI PREDATICS, financiado por la Generalitat Valenciana. Con los datos más recientemente disponibles de las emisiones de contaminantes y de sus concentraciones reales, nuestro estudio evalúa varios escenarios alternativos para la implementación de la ZBE y otras medidas complementarias de gestión del tráfico. El objetivo es claro y fundamental: que todas las partes implicadas (gobierno municipal, oposición y ciudadanía) dispongan de una base de conocimiento riguroso y objetivo sobre la que tomar decisiones sólidas y llegar al acuerdo más positivo para nuestra salud.
Los resultados son inequívocos. La alternativa de ZBE más básica, centrada únicamente en restringir los vehículos más contaminantes (los de etiqueta A), reduce una parte de las emisiones de forma muy limitada. Esta opción mejora ligeramente la situación, aunque es claramente insuficiente para alcanzar los objetivos de calidad del aire que exige la Unión Europea para 2030. Cuando se incorporan medidas adicionales, como la regulación del aparcamiento para no residentes, el impacto mejora significativamente. Y no es porque quienes acceden desde fuera sean “los culpables”, sino porque una parte importante de los desplazamientos hacia y dentro de València se realiza en coche incluso cuando existen alternativas viables de transporte público. Ordenar y desincentivar esos trayectos innecesarios (no los de quienes no tienen otra opción) produce reducciones directas, medibles y verificables en la contaminación de la ciudad. Además, estas medidas deben servir también para fomentar una cultura de movilidad más sostenible, basada en la educación, la corresponsabilidad y la transición hacia opciones menos contaminantes: el transporte público intra e interurbano, la bicicleta o, sencillamente, caminar por una ciudad que, por sus condiciones climáticas y urbanas, es especialmente propicia para ello.
La combinación de medidas es la mejor solución
Según los datos obtenidos en nuestro estudio, el escenario que combina ZBE y regulación del aparcamiento es el más eficaz entre las alternativas realistas que podrían aplicarse a corto plazo. Su capacidad para reducir emisiones es sensiblemente mayor que la de los escenarios basados únicamente en restricciones de vehículos por etiquetas. Y cuando se analizan escenarios más completos, que suman restricciones progresivas a los vehículos externos de etiqueta B, ajustes en el uso del espacio público y otras medidas de acompañamiento, la reducción total de emisiones del tráfico puede acercarse al 65%. Este es, sin duda, el escenario que permitiría a València situarse en la senda de cumplimiento de los niveles europeos de emisiones de los principales contaminantes: NO₂, PM2.5 y PM10.
No es ir contra el coche, es ir a favor de la salud pública
El mensaje que emerge es claro: las medidas aisladas no serán suficientes. El enfoque más efectivo no es prohibir, sino gestionar, desincentivar desplazamientos innecesarios y mejorar y ordenar la movilidad para que el transporte público, los modos activos y las alternativas sostenibles se conviertan en la opción natural para moverse por la ciudad. No se trata de ir contra el automovilista; se trata de evitar el uso del coche cuando no es necesario, de descargar las calles de tráfico superfluo y de devolver espacio, tranquilidad y aire limpio a los barrios.
València no puede permitirse fallar: la calidad del aire y nuestra salud depende de las decisiones actuales
Estamos ante un momento de enorme trascendencia. Es absolutamente necesario desbloquear la situación, apostando por una ZBE realista pero eficaz, con progresividad y apoyos para quienes más ayuda necesitan. El conjunto del pleno municipal tiene ante sí la oportunidad y la responsabilidad de liderar este proceso desde la sensatez y el compromiso con la ciudadanía. No llegar a un acuerdo entre todos supondría un gran fracaso colectivo: político, económico y de salud pública.
Desde la universidad pública seguiremos aportando datos y análisis para acompañar este proceso. No defendemos un modelo ideológico; defendemos un modelo saludable. La evidencia científica es una herramienta indispensable para que València dé un paso adelante y se alinee con otras ciudades europeas que ya han demostrado que mejorar la calidad del aire es posible, compatible con la actividad económica y beneficioso para el bienestar de toda la sociedad.
València respira hoy peor de lo que debería y de lo que Europa considera aceptable. No podemos seguir aplazando decisiones que están plenamente en nuestras manos. La ZBE no puede convertirse en un campo de batalla partidista, sino en un espacio de acuerdo por el bien común, garantizando la libertad, pero teniendo en cuenta que la libertad individual termina justo donde empieza la de todos los demás conciudadanos. Alcanzar un pacto firme, ambicioso y técnicamente riguroso no es solo responder a una exigencia de Bruselas, es asumir una corresponsabilidad con todos nosotros. Hoy más que nunca debemos elevar la mirada y actuar unidos, porque la ZBE no es una cuestión ideológica, sino una cuestión de salud pública, justicia ambiental y futuro. El aire que respiramos y sus enfermedades derivadas dependen de las decisiones que tomemos hoy. Per favor, tinguem coneixement i trellat.
José Vicente Oliver, Edgar Lorenzo y Victoria Lerma forman parte del Instituto ITACA, Grupo de Investigación ICTvsCC de la Universitat Politècnica de València
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