Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Editorial

València

La reconstrucción del crédito institucional

El president Juanfran Pérez Llorca afronta una nueva etapa en el Consell marcada por la emergencia reputacional y la necesidad de un corte real con el legado de Carlos Mazón

Investidura de Pérez Llorca como nuevo President en Les Corts

Investidura de Pérez Llorca como nuevo President en Les Corts / Fernando Bustamante / LEV

La llegada de Juanfran Pérez Llorca a la presidencia de la Generalitat no es fruto de un relevo natural ni de una estrategia calculada, sino de una de las crisis institucionales más profundas que ha atravesado el Consell en los últimos años. La dimisión de Carlos Mazón, precipitada por la presión política, social, judicial y mediática tras un año de la dana, ha dejado una herida de reputación que tardará en cicatrizar. Ese es, sin duda, el primer desafío del nuevo president, revertir la hipoteca que pesa sobre la máxima institución valenciana y devolver a la ciudadanía la confianza en sus administraciones.

Pérez Llorca prometerá el cargo este martes en las Corts y su anuncio de una próxima reunión con las asociaciones de víctimas de la gran riada debe leerse como una señal de enmienda por parte de un Consell necesitado de mostrar empatía, transparencia y voluntad de regeneración. La sociedad de la Comunitat Valenciana ha asistido durante meses a un goteo de revelaciones que han deteriorado gravemente la credibilidad de la Generalitat y han alimentado la sensación de que los mecanismos de control fallaron de manera estrepitosa. Reiniciar esta legislatura con una escucha activa hacia quienes más sufrieron las consecuencias es un paso imprescindible, aunque no suficiente.

La cuestión de fondo es si el Consell ha entendido la magnitud del daño causado. Hasta ahora, la secuencia de rectificaciones, explicaciones tardías y discursos defensivos sugiere lo contrario. Lo ocurrido ha evidenciado fallos estructurales de control, falta de supervisión política y un preocupante déficit de cultura de transparencia. Si Pérez Llorca pretende reconstruir la credibilidad perdida, deberá empezar por reconocer la profundidad del problema, asumir responsabilidades y emprender una reforma rigurosa de los mecanismos de la prevención y la emergencia ante fenómenos naturales.

Pérez Llorca, hasta ahora portavoz del Grupo Pupular en las Corts y número dos del PPCV, no parte de cero, y eso juega a la vez a favor y en contra. Conoce la estructura, domina los equilibrios internos y ha tenido una presencia destacada en la gestión desde el inicio de la legislatura. Pero esa cercanía también le obliga a marcar distancias claras con la etapa anterior si quiere evitar quedar atrapado en el mismo relato que ha arrastrado a su predecesor. El Consell necesita una nueva narrativa, asentada en la rendición de cuentas y un compromiso inequívoco con la prevención de cualquier práctica que impida avanzar a una nueva pantalla.

La reconstrucción del crédito institucional, con todo, no es el único frente abierto. En paralelo, la Comunitat Valenciana sigue atrapada en los viejos problemas que Mazón prometió resolver y que, tras su salida abrupta, continúan intactos. Una autonomía que arrastra problemas estructurales cuya resolución no admite más demoras. La infrafinanciación continúa siendo el principal lastre para un territorio que, pese a su dinamismo económico, se ve obligado año tras año a hacer equilibrios presupuestarios imposibles. Pérez Llorca deberá activar una estrategia política vigorosa ante Madrid para situar la reforma del sistema en el centro del debate estatal. Sin financiación suficiente, cualquier proyecto de renovación social o económica se convierte en papel mojado.

A ello se suma la urgencia de impulsar la transición energética, la gestión del agua y la modernización de la industria, retos que exigen un Consell estable, solvente y capaz de generar confianza entre inversores y agentes sociales. También la agenda social reclama atención inmediata: la sanidad pública sigue tensionada y la dependencia acumula retrasos intolerables. La crisis de la vivienda —especialmente entre jóvenes y familias con rentas medias— exige un enfoque más audaz que el mostrado hasta ahora. La Generalitat debe dejar atrás la retórica y asumir que sin una intervención pública decidida y coordinada con los ayuntamientos, el acceso a una vivienda digna seguirá siendo una quimera para miles de valencianos.

Sin embargo, el reto más complejo para Pérez Llorca será reconstruir puentes. La Generalitat ha vivido demasiado tiempo instalada en el enfrentamiento, la autojustificación y la lectura partidista de la realidad. La nueva etapa exige diálogo, serenidad y una capacidad genuina de escuchar a los actores sociales, económicos y culturales. Y exige también que el president abandone la cómoda tentación de culpar únicamente a la herencia. También un dialogo fluido con la oposición, con los agentes sociales, con la sociedad civil y dentro de su propio gobierno. La etapa que se abre no admite sectarismos ni trincheras. Requiere la voluntad firme de devolver a la Generalitat el papel de institución integradora y garante del interés general.

Pérez Llorca dispone de una oportunidad excepcional, demostrar que la transición tras la crisis de la dana no es un simple relevo de nombres, sino el inicio de un otro modelo de gobernanza. La ciudadanía reclama ejemplaridad, eficacia y serenidad política. Si el nuevo president es capaz de ofrecerlas, habrá dado el primer paso para cerrar la grieta abierta y para encarar, con legitimidad reforzada, los otros grandes desafíos de la Comunitat Valenciana.

El reloj político de Pérez Llorca ya está en marcha. Y esta vez no basta con resistir: hay que regenerar para poder gobernar. Pero la hoja de ruta, hoy, está clara: reconstruir y avanzar.

Tracking Pixel Contents