Opinión
Un SAIH per al (a cada) poble

Barranco del Poyo en su paso por Chiva / Germán Caballero
Antes que el barranco del Poyo fue el Vallés (1962) con mil muertos, y fue Biescas (1996) con 85 víctimas; y Sant Llorenç des Cadassar (2018), con 13 fallecidos; y antes Finestrat (2011), con dos personas arrastradas por las aguas. Cinco territorios mediterráneos donde las inundaciones súbitas se mostraron con toda su crudeza, anticipando un futuro cada vez más presente y repetido, en el que una lluvia intensa es capaz de generar en apenas unas horas, incluso en minutos, riadas que dejan un rastro de víctimas y destrucción. Hagamos memoria: En la Dana de 2024 se acumularon 720,4 litros por metro cuadrado en doce horas, con un saldo de 227 fallecidos. En el Vallés ni siquiera se sabe con certeza cuantas personas murieron. “Entre 600 y 1000”, dice la Wikipedia. Cayeron 212 litros por metro cuadrado en menos de tres horas, suficientes para desatar la catástrofe. En Biescas se registraron 200 litros en poco más de una hora y sus efectos en el camping de Las Nieves todavía están en la retina de muchos ciudadanos, no en vano fue la primera riada grabada en video cámara. En San Llorenç, población situada al noreste de la Isla de Mallorca, la intensa lluvia registrada el 9 de octubre de 2018 dejó 249 litros en 10 horas y 13 víctimas mortales. Lo de Finestrat es quizá excepcional: Kenneth y Mary Hall, dos ciudadanos británicos que acababan de brincar la barrera de los setenta con la promesa de una jubilación feliz, morían arrastrados por las aguas en la turística localidad valenciana después de que cayeran en la zona apenas 7,2 litros por metro cuadrado en un periodo de 25 minutos. No había alerta meteorológica pero la tromba de agua les sorprendió haciendo sus compras en el mercadillo que ocupaba un cauce. Dos ex alcaldes y un ex concejal fueron condenados por homicidio imprudente a pagar una indemnización a la familia de los fallecidos.
Entonces, como ahora, se planteó una pregunta que duele como duelen las víctimas: ¿Se pudo evitar? ¿Existe tecnología y recursos capaces de anticipar con suficiente antelación riadas súbitas de estas características?
En estos días en los que se está redefiniendo el futuro del Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) de la Confederación Hidrográfica del Júcar quizá sería aconsejable echar la vista atrás sobre estos sucesos y reanalizarlos desde el punto de vista del necesario establecimiento de un sistema de alerta temprana de crecidas repentinas adaptado a la realidad mediterránea. Una lección aprendida como la registrada en Sant Llorenç o más recientemente en el Poyo, no puede ser una lección olvidada. Es evidente que los SAIH actuales, aunque lastrados por el escaso número de elementos de monitoreo (especialmente en el Júcar, donde solo había uno en la rambla del Poyo y otro para toda la cuenca alta del río Magro), han mostrado ser eficaces en la gestión de riadas cuando se trata de grandes cuencas hidrográficas como la del Ebro o tras su adaptación a un valle específico como el del Batzán, desarrollados ambos por la empresa valenciana Idrica. No digo que sea fácil: hacen falta modelos hidrológicos muy sofisticados y resilientes adaptados a la realidad física y climática de cada territorio, pero la fragilidad de los SAIH actuales se hace muy evidente cuando lo que se pretende es dar soluciones al problema mediterráneo. No es lo mismo establecer un sistema de alerta temprana en el área del Serpis, en el Carraixet o en los barrancos de Benisanó o Chinchilla, en Orpesa, que hacerlo en el Danubio, incluso en el Júcar.
La Confederación Hidrográfica del Júcar no ha explicado si lo que propone es, simplemente, la reposición de los sensores dañados y en algún caso su reubicación para reducir su vulnerabilidad ante las riadas que pretenden evitar o si, por el contrario, implementará un sistema de alerta temprana para crecidas repentinas que dé respuesta a las violentas microcuencas que nos hacen tan vulnerables. En cualquier caso, la vía administrativa elegida para su puesta en marcha podría retrasar su operatividad entre 2 y 3 años.
En Europa, el 40% de las víctimas relacionadas con inundaciones en el periodo 1950-2006 se deben a inundaciones repentinas, que se relacionan con precipitaciones de alta intensidad, principalmente de origen convectivo. Suelen afectar cuencas de menos de 1000 km² , con grandes desniveles y con tiempos de respuesta muy breves. Joan Estrany, de la Universitat de les Illes Balears (UIB) y estudioso de las riadas relámpago de Sant Llorenç des Cadassar explica en uno de los artículos científicos publicados a partir de este episodio que a las características de cada microcuenca y los mecanismos de activación de la escorrentía se suman otros factores como la modificación del uso del suelo, la urbanización y los incendios forestales recurrentes que pueden alterar estos mecanismos de activación y el potencial de inundaciones repentinas. Tras el reanálisis de sucesos como el de Sant Llorenç, los investigadores creen que es posible diseñar sistemas predictivos más eficaces combinando elementos como las alertas meteorológicas, radares, nuevos modelos hidrológicos o el incremento de la velocidad de computación, sin olvidar la necesaria formación ciudadana. Dicen que implementar y divulgar todas estas acciones harán también que la población toma conciencia del riesgo que representan las inundaciones repentinas y aprenda a convivir con ellas. Quizá el futuro venga de una mezcla de nuevas tecnologías e Inteligencia artificial activando en automático el envío del ES-Alert, disparando el toque de campanas o la vieja megafonía mientras los niños aprenden en la escuela qué hacer cuando suena una alarma.
Lo que es evidente es que donde no llegue el brazo protector del SAIH de la CHJ, con las densidades y especificaciones que dicte la ciencia y la última tecnología, será necesario adoptar soluciones incluso en el ámbito local, como han hecho en el municipio mallorquín, o en el valle del Batzán, creando redes de alerta a pequeña escala que puedan integrarse posteriormente en un ámbito geográfico superior.
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