Opinión
La biblia de Ábalos en prisión

José Luis Ábalos, exministro / José Luis Roca
La primera noche de Ábalos en Soto del Real me produjo insomnio porque no paraba de rumiar si lo que sentiría coincidía con los testimonios que llevo escuchando de las personas presas como voluntario de prisiones desde hace más de veinte años en el centro penitenciario de Picassent. Relatan esa primera noche, inolvidable, donde la vida te cambia, te despoja y te desnuda. En los diferentes talleres que he realizado siempre ha salido a relucir cómo fue su detención. Siempre hay excepciones, pero la mayoría señala dos situaciones que jamás olvidarán: la primera, las lágrimas más amargas de sus vidas, jamás habían llorado de esa forma, un llanto que no tiene consuelo, porque no tienes a quién acogerte; la segunda, miedo y vulnerabilidad ante lo que les viene por lo que han escuchado y visto de la prisión.
La primera experiencia entre rejas, la pasas, tú, hayas sido un gran empresario que cotizaba en el Ibex 35, encabezado el ministerio de trasportes, si has presidido un banco o si eres el cuñado del mismísimo Rey. La puerta del chabolo se cierra para todo el mundo porque la prisión no tiene memoria. Para ir superando este cataclismo existencial, esta cura de realidad, se requiere del paso de ese tiempo granítico y casi eterno que se da entre rejas. Tanto la escritura como la lectura son vías de escape para ir asumiendo los días, los meses y los años que te quedan por delante.
Para afrontarlo, Ábalos debería leer uno de los libros que son considerados una de las biblias de la esencia de una prisión: Cartas a Olga de Václav Havel. Disidente político checo, primer presidente de la República Checa después de años de dictadura comunista. Firmante de la Carta 77, junto con el filósofo Jan Patocka, en el que se adscribían a ratificar la Declaración de la ONU sobre los Derechos Humanos. Por todo ello, fue encarcelado durante cinco años por delitos de sedición y contra la seguridad del Estado. Durante su cautiverio escribió unas cartas a su mujer, Olga, convirtiéndose en uno de sus testamentos humanos y políticos. En una de sus primeras misivas expresaba una lección que Ábalos va a aprender: “Me he dado cuenta de una cosa bastante curiosa: el mundo de aquí parece ser más verdadero que el de fuera. Aquí las cosas y las personas se revelan en su verdadera sustancia. Desaparece la mentira y la hipocresía”.
Una de las tragedias de la política actual es que algunos de sus actores principales, no todos, viven fuera de la realidad. Hacen de su mundo una verdadera ficción donde se produce una violación sistemática entre su vida pública y privada. ¿Alguien recuerda ese soy feminista porque soy socialista? La cuestión está en que el poder te coloca en una jaula de cristal, donde uno cree que llega a ser intocable y que todo te para bien por los séquitos de siempre. Havel agradecía a su mujer su experiencia en prisión, ya que le había facilitado el “haber ampliado los límites de mi comprensión y estrechado los de mi respeto”. La prisión es una realidad que te quita de cuajo los galones, obligándote a un resteo radical de tu existencia, de tus principios, valores y prioridades. Que otros comiencen a tomar nota, ya que estamos ante una Dana política que se va a llevar por delante a toda una generación de políticos. Si no, al tiempo.
José Miguel Martínez Castelló es Doctor en Filosofía y profesor de bachillerato de filosofía, psicología y religión en el Patronato de la Juventud Obrera de Valencia (PJO)
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