Opinión
Aire limpio y movilidad real: así puede funcionar la Zona de Bajas Emisiones en València
Aunque hoy la mayoría de barrios no superan los umbrales de contaminación, la ZBE tiene sentido como política preventiva y de alineamiento con la Ley de Cambio Climático. Pero el resultado no dependerá solo del perímetro ni del régimen sancionador: dependerá de la calidad y la accesibilidad de las alternativas

La Zona de Bajas Emisiones de Ciutat Vella / Levante-EMV
València se juega en los próximos años una transformación que va más allá del tráfico. La Zona de Bajas Emisiones (ZBE) es una oportunidad para respirar mejor, ganar espacio público de calidad y reforzar el atractivo de una ciudad mediterránea que aspira a ser más habitable y competitiva. No es un trámite legal: es una palanca para reducir la contaminación que afecta a la salud y para ordenar una movilidad que ya está cambiando en toda Europa, donde las ciudades que han activado ZBE similares reportan descensos de NO2 y ruido, mejoras de seguridad vial y recuperación del espacio de proximidad.
La ordenanza de València, si finalmente sale adelante, prevé una implantación por fases a partir de este mes de diciembre, con un calendario de sanciones progresivas hasta 2028 y un perímetro que abarca alrededor de 27,8 km² en el corazón urbano, delimitado por la Ronda Norte, la avenida dels Tarongers, Serrería y el Bulevar Sur. Aunque hoy la mayoría de barrios no superan los umbrales de contaminación, la ZBE tiene sentido como política preventiva y de alineamiento con la Ley de Cambio Climático. Pero el resultado no dependerá solo del perímetro ni del régimen sancionador: dependerá de la calidad y la accesibilidad de las alternativas.
La ZBE pone el marco; la estrategia la marcan los Planes de Movilidad Urbana Sostenible (PMUS). Ahí es donde València debe ser ambiciosa. Prohibir sin ofrecer opciones genera rechazo y desigualdades. En cambio, una combinación coherente de medidas puede hacer la ZBE eficaz y socialmente justa: más frecuencia y prioridad para el transporte público, integración tarifaria metropolitana y aparcamientos disuasorios bien conectados; una red ciclista y peatonal continua, segura e intermodal; logística de última milla con microhubs y vehículos de cero emisiones para aliviar el reparto en el centro; gestión del estacionamiento que limite el acceso indiscriminado y proteja a residentes y comercio de proximidad; excepciones claras y temporales para colectivos vulnerables, acompañadas de ayudas a la renovación de flotas de autónomos y pymes. Se trata de impulsar un ecosistema de opciones de movilidad eficientes, seguras y complementarias que reduzcan emisiones y mejoren la accesibilidad, en colaboración con toda la cadena de valor.

La Zona de Bajas Emisiones de Ciutat Vella / Levante-EMV
La tecnología puede marcar la diferencia entre una ZBE que funciona y una que se atasca. El análisis de datos ayuda a dimensionar la red de recarga, anticipar saturaciones y escoger ubicaciones óptimas. La recarga inteligente y soluciones como el vehículo a la red permiten integrar la electromovilidad sin tensionar el sistema eléctrico, mientras que el mantenimiento predictivo mejora la disponibilidad de los puntos de carga. Estas innovaciones ya se ensayan en València y su entorno mediante proyectos de I+D locales, entre ellos MUSoL, que exploran cómo combinar electromovilidad, intermodalidad y datos para ofrecer alternativas reales al coche privado. No se trata de “tecnologizar” la ZBE, sino de usar la tecnología para que sea más sencilla y confiable para la ciudadanía.
En concreto, MUSoL, coordinado por el ITE y financiado por IVACE+i, desarrolla y valida metodologías directamente aplicables a la ZBE de València: dimensiona la red de recarga y su operación inteligente, identifica ubicaciones prioritarias de puntos de carga y nodos intermodales, integra datos de movilidad para planificar itinerarios más eficientes y define indicadores de seguimiento y equidad. Además, incorpora gemelos digitales de energía y movilidad para evaluar escenarios antes de desplegarlos, criterios de interoperabilidad para facilitar la experiencia de usuario y pilotos en entornos reales que permiten validar resultados con datos medibles. Su objetivo es aportar evidencia y herramientas que faciliten la toma de decisiones y una implantación con beneficios verificables desde el primer día, en colaboración con administraciones y empresas.
Tan importante como la ingeniería es la gobernanza. Más que imponer, la ZBE se beneficia de una comunicación clara, señalización inequívoca, atención al usuario y un calendario creíble. El periodo informativo debe servir para aprender de verdad, el sistema de sanciones ha de ser proporcional y, sobre todo, la ciudad debe publicar indicadores verificables de manera periódica: calidad del aire por zonas, exposición de población vulnerable, tiempos de viaje en transporte público, ocupación de disuasorios, niveles de ruido y siniestralidad. Medir bien y explicar mejor construye confianza. Desde el ámbito tecnológico, podemos contribuir con plataformas de datos abiertos, paneles en tiempo real e instrumentos analíticos que faciliten la transparencia, el seguimiento y la mejora continua. Escuchar a vecinos, comercios, transportistas y operadores, y corregir a tiempo, convierte la ZBE en una mejora compartida.
La equidad es una condición de éxito. Las familias con menos recursos y quienes dependen del vehículo para trabajar no pueden quedar atrás. Bonos de transporte, servicios de movilidad compartida en barrios periféricos, planes renove dirigidos y certidumbre logística para el pequeño comercio son inversiones sociales que hacen la transición más justa y efectiva.
València tiene talento técnico, masa crítica empresarial y una cultura urbana que ha demostrado que sabe avanzar cuando se lo propone. La ZBE puede ser el siguiente capítulo de una ciudad más saludable, segura y atractiva si la tratamos como lo que es: un pacto entre regulación, planificación e innovación aplicada a la vida real. Los PMUS ofrecen la hoja de ruta, la innovación local aporta herramientas y la ciudadanía, cuando se la involucra de forma honesta, aporta el sentido común. Nuestro papel, desde ITE, es aportar tecnología, datos y evidencia para apoyar ese propósito común, trabajando de manera colaborativa con administraciones, empresas y ciudadanía.
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