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Opinión | Bolos

Director de Levante-EMV

El difícil adiós al poder

El rey Juan Carlos concedió el Toisón de Oro a Suárez en un gesto de reconciliación, pero el expresidente ya no lo reconocía, mostrando la complejidad de las salidas políticas

Álvaro Morte, en 'Anatomía de un instante'

Álvaro Morte, en 'Anatomía de un instante' / MOVISTAR PLUS+

“Este se va”. Esa frase de la escena en la que Adolfo Suárez está en la Zarzuela para comunicar su dimisión al rey Juan Carlos en la serie Anatomía de un instante —inspirada en el libro de Javier Cercas— resume la crudeza con la que se producen las salidas institucionales. Suárez pasó de desmontar la dictadura junto al monarca a recibir la una descomunal frialdad. Son contados los dirigentes que abandonan sus responsabilidades con reconocimiento, desde el propio Suárez hasta González, Zapatero o Rajoy. Aznar constituye una excepción; prometió limitarse a dos mandatos y lo hizo, pese al coste que tuvo para España su participación en el “Trío de las Azores”, junto a Bush y Blair, en los días previos a los bombardeos sobre Irak.

Estos días, el primer president de la Generalitat fallecido, José Luis Olivas —también pionero en asumir un cargo con fecha de caducidad—; la sustitución de Juan Francisco Pérez Llorca tras la renuncia de Carlos Mazón; o el esperpento protagonizado por Ábalos antes de su ingreso en prisión, han reavivado la imagen de aquella escena y la indiferencia del jefe del Estado ante una ruptura poco cordial, como quedaría patente días después con el 23F. El último vídeo del rey emérito, considerado inoportuno por la Casa Real, pidiendo ahora a los jóvenes que respalden el “duro trabajo” de su hijo, o las vacilantes aclaraciones de Sánchez sobre Ábalos —a quien ya ni reconoce—, evidencian los desencuentros entre quienes compartieron trayectoria.

Tal vez haya llegado la hora de impulsar cambios en la legislación electoral que incorporen límites temporales al ejercicio del poder. No es una panacea, pero obligaría a las formaciones mayoritarias a promover perfiles alejados del inmovilismo. La fórmula parece eficaz: en la Unión Europea, por ejemplo, más de la mitad de sus Estados miembros (18 de 27) incluyen restricciones constitucionales al mandato presidencial. Además, establecer un máximo de ocho años podría garantizar relevos ordenados en beneficio de la transparencia.

El rey Juan Carlos se reconcilió con Suárez al concederle el Toisón de Oro, la más alta distinción de la Corona, aunque aquel gesto apenas tuvo recorrido, pues el expresidente ya no lo reconocía.

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