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Opinión | Bolos

Director de Levante-EMV

El zasca que nadie vio venir

El pertinente recuerdo de María José Catalá sobre la importancia de la gestión eficiente del dinero público

Carlos Mazón, Santiago Lumbreras y José Manuel Cuenca.

Carlos Mazón, Santiago Lumbreras y José Manuel Cuenca. / ALEX DOMINGUEZ

Cualquiera no vale para gestionar el dinero público. Cuando María José Catalá pronuncia esta frase en la toma de posesión del Consell post Mazón, confirma que la alcaldesa de València ha recuperado la precisión después del mareo que le habían provocado los suyos, por si no tuviera ya bastantes tensiones en el propio hemiciclo consistorial. Quien debe de estar arrepentido de haber entregado la portavocía a Miguel Barrachina es Pérez Llorca. El nuevo portavoz ha generado su primera polémica a la primera de cambio, como era previsible, y lo ha hecho además en sentido opuesto a la estela de prudencia y disculpa exhibida por el president. Como cabía esperar, los principales problemas para el jefe del Consell amenazan con venirle desde casa.

Es comprensible que a Barrachina le cueste adaptarse a un rol más conciliador, pero en estos primeros días resultaría esencial una mínima coordinación interna. Ahora importan más los hechos que las palabras; aun así, no se puede tender la mano a las asociaciones de víctimas sin reconocer errores, como bien sabe el conseller portavoz, que tenía fácil desviar el asunto si hubiera querido. El president va a tener que emplearse a fondo, quizá más de lo previsto, porque tras saberse que hasta el Cecopi llegó el sempiterno debate lingüístico en el tardío y fallido mensaje de alerta del 29 de octubre, se hace evidente que la ciudadanía merece gestores más acreditados y, sobre todo, más responsables.

Los manuales de ciencia política suelen coincidir al definir al buen gestor público como aquel que combina competencia técnica, ética y empatía para actuar en contextos complejos. Aunque llevemos meses cuestionando a Weber, Ostrom, Denhardt o Pollitt, no parece sensato inaugurar conceptos de antipolítica que solo generan más ruido. La formación y humanismo deberían ser virtudes prioritarias en quienes aspiran a gobernar.

Queda, no obstante, una incógnita sin resolver: cuál es el tipo de interés “mazonista” que pesa sobre la hipoteca presidencial de Pérez Llorca. Sobre el papel parecía un valor menor en el mercado interno del PPCV, pero las primeras señales indican que podría escalar antes de lo esperado.

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