Opinión | Bolos
Tres alcaldes
La amistad nacida entre Pérez Llorca y Almenar es el primer paso para superar el sectarismo y promover una reconstrucción más transparente

Pérez Llorca, Almenar y Martínez Muz en su visita a Picanya. / Francisco Calabuig
Hay alcaldes y alcaldadas. Aunque parezca una perogrullada, solo hay que repasar las carambolas aritméticas de algunos para llegar al cargo que más vocación pública precisa y que mejor sale parado cuando se hacen las cosas con sentido común. O el ejemplo tan bien contado en la mítica canción de Al Tall convertida en hit gracias a la gran pancarta de la Diputación en la plaza de toros.
Viene a cuento de la primera visita presidencial de Llorca a Picanya, el epicentro de la zona cero de la dana. Allí el hasta hace días alcalde de Finestrat, junto con otro exregidor de Xilxes compartió complicidad con Pep Almenar, toda una autoridad moral del municipalismo valenciano. Era imposible que tres alcaldes, porque Llorca y Martínez Mus lo llevan en el ADN, de poblaciones residenciales pequeñas pero influenciadas por sus grandes urbes vecinas, no se pusieran de acuerdo.
Almenar, además de muchos años de ejercicio, lleva en la cabeza la reconstrucción de toda el área metropolitana desde la misma noche de la tragedia. Es fuente de inspiración de cualquier alcalde que se precie, mantiene una relación cordial con los ayuntamientos vecinos y su nivel de compromiso institucional es incontestable, como saben consellers y ministros de todos los colores. Su colaboración con el equipo de Mus debería servir de modelo en las escuelas de administración pública.
Almenar y Llorca no se conocían, así que ha nacido una gran amistad, de la que deben desbloquearse lo más rápido posible todas esas trabas burocráticas que todavía persisten para que damnificados, autónomos y empresas resuelvan los asuntos pendientes. Los tres, además, deben escampar su nivel de influencia sobre sus formaciones, y eso será lo más difícil, porque tanto el PP como el PSOE no hacen más que sacar pecho por sus gestores municipales, pero cuando resulta que estos son los más dialogantes y menos sectarios, mejor es esconderlos.
Que el problema de Llorca iba a ser Mazón estaba cantado, pero que el espíritu de concordia de Almenar no cotiza en el PSPV es evidente, con lo fácil que lo tenía Morant para haberle propuesto ser el presidente de su partido tras el caso Ángel. Tres alcaldes con vocación de tenores. En esas estamos.
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