Opinión
El valor del turismo deportivo y cultural

Salida del Maratón desde el puente de Monteolivete / Fernando Bustamante
València lleva años debatiendo un modelo turístico. De un lado, el turismo de bajo coste, impulsado por la conectividad aérea, la temporalidad y la oferta masiva de alojamiento turístico que presiona los precios de la vivienda y tensiona la convivencia vecinal. Del otro, un turismo que nace del territorio y lo prestigia, como el deportivo, con otro nuevo éxito rotundo del Maratón Trinidad Alfonso celebrado ayer como estandarte, y el cultural, que comienza a reorganizarse alrededor de nuevos proyectos como el Espai Valdés y la iniciativa València City Music. Ambos representan una alternativa sólida a un modelo depredador que consume la ciudad sin devolverle apenas valor.
El caso del maratón es paradigmático. En apenas una década, València ha logrado situar su prueba entre las grandes citas del calendario internacional. Como se ha podido comprobar de nuevo en esta última edición. No se trata solo de cifras —aunque resulte difícil ignorar los miles de participantes procedentes de más de un centenar de países—, sino de la calidad del visitante que atrae. El corredor de larga distancia, que entrena durante meses, que planifica su desplazamiento y que acostumbra a viajar acompañado, convierte su participación en una inversión emocional y económica. Su estancia media es mayor, su gasto es más elevado y su relación con la ciudad es más respetuosa. El Maratón València Trinidad Alfonso no solo llena hoteles y restaurantes; proyecta una imagen de València asociada a la excelencia organizativa, a los espacios públicos de calidad y a la capacidad de la ciudadanía para volcarse con un acontecimiento colectivo.
Lo mismo ocurre con el turismo cultural que se abre paso entre proyectos largamente esperados. El Espai Valdés, concebido como una gran plataforma de creación contemporánea, y València City Music, destinado a convertir la ciudad en un nodo musical de referencia, encarnan un cambio de enfoque. Frente a la lógica del turista que viene a consumir la ciudad como un parque temático, estos proyectos apuestan por una interacción más profunda: crear motivos culturales de primer orden que atraigan a visitantes interesados en la producción artística local y en el intercambio creativo. No es casualidad que las ciudades europeas que han logrado combatir los efectos más nocivos del turismo masivo lo hayan hecho fortaleciendo su ecosistema cultural, dignificando a sus artistas y generando espacios capaces de atraer un público exigente, estable y menos estacional.
La combinación del turismo deportivo y cultural tiene además una virtud singular: su capacidad para distribuir mejor la actividad económica a lo largo del año y por distintos barrios de la ciudad. El maratón y otras pruebas asociadas dinamizan meses tradicionalmente flojos para el sector, y lo hacen de un modo compatible con la vida local. Los equipamientos culturales, si se gestionan con inteligencia, permiten que los flujos turísticos se expandan más allá del centro histórico y reduzcan la presión sobre las zonas más saturadas. Una ciudad que reparte su atractivo evita convertirse en un escenario para visitantes y en un lugar inhóspito para quienes la habitan.
No se trata, sin embargo, de caer en triunfalismos. Ningún modelo turístico es inocuo por sí mismo. El reto de València pasa por consolidar un equilibrio que permita aprovechar las oportunidades del turismo sin repetir los errores de otras capitales mediterráneas. Para ello será imprescindible blindar políticas de vivienda, ordenar el alojamiento turístico y reforzar la cooperación entre instituciones y sector privado. Pero sería injusto negar que en los éxitos del Maratón Trinidad Alfonso, del Espai Valdés o de Valencia City Music se reconoce una vía diferenciada, capaz de situar a València en el mapa global sin renunciar a su autenticidad.
La ciudad tiene ante sí la oportunidad de apostar por un turismo que suma, que respeta y que deja huella positiva. Un turismo que celebra la cultura y el deporte como parte de su identidad. València esta en disposición de ofrecer un relato de una ciudad que se abre al mundo sin perder el alma.
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