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Opinión | Traspapelado

València

La cultura en los tiempos del ruido

¿No tienen esa sensación últimamente de que el tiempo les ha adelantado y es ya algo inalcanzable? ¿No han pensado si vale la pena el esfuerzo de intentar alcanzar algo que te expulsa?

Muñoz Molina, en la presentación de 'El verano de Cervantes'.

Muñoz Molina, en la presentación de 'El verano de Cervantes'. / Blanca Millez

He conocido gente de la cultura empeñada en la minoría. Aquellos que tienen siempre un libro, una canción o una película inclasificable que defender. Aquellos que se sienten extraños con la mayoría. Yo no puedo evitar una punzada de satisfacción cuando triunfa lo que me ha gustado. Me ha pasado con Sirat, la película destrozaentrañas de Óliver Laxe, aupada a la selección final de los Globos de Oro. Si he de elegir una película en el año, no tengo duda, a pesar del mal rato al que obliga. Llena saber que no estoy solo en mis afinidades.

Podría decir algo parecido con Antonio Muñoz Molina, aunque su trabajo está en las antípodas del de Laxe. En las elecciones artísticas está permitido el triple mortal con tirabuzón. He crecido con él. Como lo hice con Paul Auster o Richard Ford. No siempre es el mismo, pero el ser ausente que recorre los libros de Muñoz Molina se parece bastante a mí. O al revés. Y me satisface observar que no estoy solo. El Posdata en Abril especial navideño de esta semana arranca con una entrevista con el escritor, que habla del silencio y la soledad necesarios en estos tiempos de ruido implacable. Habla del aislamiento que siente en la gran ciudad de hoy. Habla de la extrañeza de un tiempo que posiblemente ya no es el suyo. ¿No tienen esa sensación últimamente de que el tiempo les ha adelantado y es ya algo inalcanzable? ¿No han pensado si vale la pena el esfuerzo de intentar alcanzar algo que te expulsa? Y Muñoz Molina habla de los libros como refugio fiel, desde la infancia. La lectura y la escritura como las puertas al silencio, la soledad y a uno mismo, lo que uno no puede dejar de ser.

En estos tiempos acelerados uno empieza a dudar del papel incluso de la cultura y el arte.¿Son algo más que un 'fugatiempo' pasajero para los turistas que devoran la ciudad?

En estos tiempos acelerados y monetizados (toma palabro) uno empieza a dudar del papel incluso de la cultura y el arte. ¿Importan? ¿Son algo más que un fugatiempo pasajero para los turistas que devoran la ciudad? ¿Alimento de (in)digestión rápida al que no hace falta tampoco poner mucho interés? He pisado en los últimos días un par de exposiciones y no me parece que es para estar muy satisfechos de lo que ofrecemos. Solo hace falta ver las condiciones de eso llamado cultura. En la sala de exposiciones del edificio del Ayuntamiento de València proponen un oportuno rescate de uno de los arquitectos de la València gozosa de las primeras décadas del siglo XX, Francisco Mora, pero en una sala los focos no funcionaban y en otra, algunas fotografías se habían despegado del soporte y allí seguían, caídas del revés. No son maneras de respetar la cultura. Como tampoco me lo parece que lo sea que un museo de identidad siempre confusa como el MuVIM no solo quiera destinar lo que queda de lo que fue para el arte contemporáneo la Sala Parpalló a la pintura del siglo XIX, sino que también dedique sus espacios a toda esta mixtificación que nos rodea en torno al Santo Cáliz, una leyenda religiosa que se intenta convertir en reclamo turístico más, el último, y que ya tiene su glorioso centro de interpretación. Como decía aquel viejo periodista: ¿pero qué broma es esta? Claro que si contamos que este es el lugar donde la conselleria de Cultura se entregó a un torero...

Vuelvo a Muñoz Molina y el silencio.

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