Opinión
Médicos pero no mártires

Protesta de médicos el lunes en el Peset. / MUD
El Servicio Nacional de Salud (SNS) es uno de los logros mas ilustres de la sociedad avanzada y se ha ganado la confianza de la mayoría de españoles y españolas, tanto por su calidad como por su excelencia (lastrada, eso sí, por sus demoras). Para la mayoría de médicos y médicas pertenecer a él es no sólo un orgullo sino también un compromiso con la sociedad. No obstante, parte de su funcionamiento se ha basado en obligar a un determinado colectivo (el médico), a realizar jornadas maratonianas durante la mayor parte de su vida profesional (desde los 24 a los 55 años) con un mínimo de tres guardias (dos de 17 y una de 24 horas) que en ocasiones se convierten en cuatro o cinco por necesidades del servicio. El resultado es una jornada mensual que en el mejor de los casos alcanza las 204 horas mensuales, o lo que es lo mismo 2.500 horas anuales cuando por razones de seguridad, salud y derechos conquistados el resto de trabajadores sanitarios realizan 1.589.
Esto se ve agravado por la escasa voluntad de implantar medidas como las 35 horas, la imposición de las recuperaciones en sábado o mejoras retributivas justas (los residentes internos cobran de sueldo base el salario mínimo interprofesional), aspectos estos en manos de las conselleries correspondientes. La actual ministra de Sanidad prometió terminar con esta situación (antes de ser ministra) amparada en su conocimiento de la misma y en razones de seguridad y salud (y muchos la creímos). Sin embargo, por un tema económico (el coste que supone pasar de un sistema de guardias a un sistema de turnos, u otorgar por cada 24 horas de guardia los días de libranza correspondiente (como tienen bomberos o policías) ha decidido no hacerlo. Se ha amparado en la “necesidad de garantizar la asistencia sanitaria”, argumento puramente falaz dado que el resto de colectivos (enfermeros, técnicos superiores, celadores, bomberos) trabajan a turnos y no por ello dejan desasistida a la población.
Esto, junto a la necesidad de conciliar y la voluntad de disfrutar de un equilibrio ha implicado un enorme malestar en el colectivo médico que se traduce, no solo en huelgas y protestas, sino en fugas constantes de profesionales a centros de empleo fuera del sistema público tanto nacionales como europeos. Es importante entender que somos médicos y médicas pero no mártires. Como en otros aspectos de la vida, si el sistema nos trata con dignidad y respeto y nos permite conciliar y realizar jornadas razonables (iguales al de resto de profesionales) tendrá personal médico y si no lo hace se quedará sin él, ahora que, por el envejecimiento poblacional, es cuando mas se necesita. La sanidad pública solo será un referente en calidad si lo es también en condiciones de trabajo. No pedimos ser mas que nadie, tampoco menos, solo pedimos ser médicos, no mártires.
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