Opinión
Por una ética viva

Antonio Duato. / Archivo de Marita Macías
La ética es indispensable para la vida, y la ausencia de valores éticos ha tenido influencia en la crisis que venimos padeciendo, cuando hoy lamentamos el fallecimiento de Antonio Duato, uno de los primeros impulsores de la Fundación Étnor, Ética de los negocios y las organizaciones, con su ejemplo ético. Con la ética no habría crisis como la actual, afirma, Adela Cortina, quien participó recientemente en la inauguración del seminario de la Fundación, sobre las bases de la cooperación, al plantear la necesidad de una ética viva en tiempos de polarización. Sobre este particular, hace unas fechas, en estas mismas páginas de Levante-EMV, Alfons García, apuntaba la necesidad de la ejemplaridad pública, a partir de los buenos testimonios de quienes nos precedieron.
La ejemplaridad, debe promover los cambios necesarios en el funcionamiento del modelo productivo, evitando la desafección política, mediante propuestas éticas asumidas por la mayoría. Dando prioridad a la producción sostenible, y sustituyendo aquellos criterios de consumo a la hora de adquirir bienes y servicios, atendiendo a valores, y no simplemente a la acumulación. Se trata de un cambio de modelo económico, asumiendo un imperativo social que evite la desprotección de los menos favorecidos.
Hay que buscar remedio en la ética para vencer la crisis. La ejemplaridad, debe aportar el componente necesario que permita vencer las dificultades económicas que hoy alarman a todo el tejido social, y, este es el arduo camino que nos resta por recorrer. Educar a los ciudadanos, con un profundo sentido de la justicia. Formación de buenos profesionales, sí, pero antes, con prioridad, consecuentes ciudadanos.
Como es su día dijera, Javier Gomá, cómo se pueden permitir situaciones que vulneran los derechos más elementales. ¿Es ello, moralmente ético? ¿Se puede juzgar la crisis, hablando sólo de efectos económicos, ignorando los daños sociales? El centro de la moral pasa por la justicia, porque el ser humano considere a los otros individuos como seres en sí mismos y no apenas como instrumentos, advertía Kant.
Hace falta una reflexión social sobre qué valores valen la pena, y cuáles no, y hay que poner en práctica los primeros, para ser verdaderamente una sociedad responsable. De ciudadanos educados no solo en la competitividad sino en la cooperación. Si actuásemos con responsabilidad, que no se improvisa sin un esfuerzo colectivo, estaríamos más preparados para promover el bien común.
Hubo un tiempo, afirma Adela Cortina, que la ética y la economía se veían como el agua y el aceite, y, por ello, se permitía afirmar, “si nos hubiéramos comportado éticamente, no tendríamos una crisis como la actual”. Y no solo eso, sino que, añade, la ética es un factor de fecundidad para la empresa. Un factor de innovación, que dijera Schumpeter, un salto cualitativo que permite verdaderamente avanzar. Qué es moral y qué no. Qué no se puede permitir que suceda y qué es obligatorio atender. Hasta dónde se puede ignorar lo que resulta necesario, no sólo en el ámbito empresarial, sino en cualquier otra faceta social.
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