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Opinión | Entre bambalinas

València

Plantarse ante lo inaceptable

Carmen Machi es una de las protagonistas del anuncio

Carmen Machi es una de las protagonistas del anuncio / Levante-EMV

«Hay que plantarse ante lo inaceptable». La frase de Campofrío va más allá del marketing del anuncio navideño. Es extrapolable y habla de nosotros. De lo que hemos permitido durante demasiado tiempo. Del machismo que se disfraza de costumbre. Del abuso de poder que se normaliza. Del descrédito de una política que debería servirnos, no avergonzarnos. La publicidad, aunque a veces no queramos admitirlo, nos pone un espejo delante y de forma sublimidal nos hace pensar. Ellos hablan de polarizarización, yo, al ver el anuncio por primera vez, sentí rabia. Mucha rabia.

Hace 40 años bastaba un jingle. Una frase corta. Una melodía simple para saber que estábamos en Navidad: ¿recuerdan? «Las muñecas de Famosa se dirigen al portal…», «Vuelve a casa, vuelve…», «La Sidra El Gaitero, famosa en el mundo entero», «En estas navidades, turrón de chocolate...».

No necesitábamos más. Nos emocionábamos con muy poco. Y la Navidad entraba en casa por la sintonía del televisor. Hoy, algunos de esos planos, nos resultarían inaceptable . Hay cosas que ya no encajan. Roles rígidos. Mujeres relegadas a tareas que se daban por sentadas. Niñas educadas para cuidar. Hombres siempre al frente de la celebración y del brindis. Entonces lo veíamos normal. Hoy no. Hoy sabemos que aquello también era parte de un sistema que callaba. Que justificaba. Que marcaba normas que muchas ya no estamos dispuestas a aceptar.

Y sí, hay que plantarse ante lo inaceptable. Incluso cuando lo inaceptable llega envuelto en luces, villancicos y turrón.

Los anuncios cambiaron porque cambiamos nosotras. Ahora se envuelven de emoción. En historias que, más que anunciar, acompañan. Minipelículas que hablan de soledad, de reencuentros, de heridas, de segundas oportunidades. A veces, incluso al acabar, no sabes ni que marca está detrás. Pero sabes que te toca. Que te habla. Que te pellizca.

Ya no queremos simple publicidad. Queremos sentido. Queremos verdad, aunque sea una verdad de 90 segundos. Y lo queremos en medio de un mundo que decepciona. Un mundo en el que los políticos se culpan unos a otros, donde las promesas se disuelven como tinta en agua y la confrontación -polarización para el spot que da pie a esta columna- es constante. Y en medio de ese ruido, llega un anuncio y nos recuerda que aún hay cosas que no deberíamos aceptar. Ni en televisión. Ni en la calle. Ni en casa. Ni en la vida.

Han cambiado los formatos. Ha cambiado el tono. Ha cambiado lo que toleramos. Pero seguimos esperando ese anuncio que , casi sin palabras, nos emociona y lo dice todo. Ojalá, todos pudierámos seguir plantándonos ante lo inaceptable, dentro y fuera de la pantalla.

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