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Opinión | El día del señor

València

Cosmopolitas todos

Archivo - El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, atiende a los medios de comunicación durante una sesión plenaria extraordinaria, en el Congreso de los Diputados, a 22 de julio de 2025, en Madrid (España).asistas

Archivo - El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, atiende a los medios de comunicación durante una sesión plenaria extraordinaria, en el Congreso de los Diputados, a 22 de julio de 2025, en Madrid (España).asistas / Eduardo Parra - Europa Press - Archivo

El alma de Rusia que lo contiene todo, dicen, tiene también espacio para un club de jazz que se repantinga en un callejón de Velluters y te pregunta, como si fuera normal, de la forma que soy bajito, si hablo ruso. El local se llama Staccato.

Los asistentes apuran el silencio y encienden velas, no sé si orantes, me parece que no. Un personaje de Limónov es un viejo judío que celebra el fin de año de la manera más melancólica. “Si hablo como un ruso, bebo como un ruso y lloro y canto como un ruso, es que soy ruso”. No te quepa la menor duda, pleito identitario resuelto. Siempre me he preguntado porque Israel tiene tantas consideraciones por sus judíos rusos y tan pocas por todos los demás. Al abrir el objetivo, lo aclaró un poco Putin: “Son lo que queda de la cultura de los dos o tres millones de rusos judíos”, y no añade este calificativo: “cosmopolitas”, eso que tanto asustaba a la mala bestia de Stalin que los mató a todos, también a los médicos que le atendían de sus muchos alifafes.

El caso ruso es muy ilustrativo de como un choque entre hermanos, o por lo menos primos, puede desencadenar una guerra civil con el engrase de unas enormes corruptelas, manejos que no llegan a diplomáticos y una estafa cruel y desvergonzada del departamento de Estado de los EE.UU. Creo que Vasili Grossman, que era ucranio, no abjuró de su fe comunista (sí del estalinismo), para algo era el mejor cronista que han producido los dueños del espacio y el acero, el cenotafio de diecisiete millones de muertos. Y aquí entro en materia: Gabriel Rufian propone un frente de izquierdas con catalanes y españoles, con los de Comisiones y los Verdes; la mejor idea que circula por ahí, consciente del poder de la lucha identitaria, pero también de lo contrario. Los equilibrios solo duran y palpitan por algo así un rato; luego se recombinan, de nuevo, la lucha y el orgullo de clan, mitad y mitad de algo que no es todavía algo claro pero que se aclarará sólo, puesto que Junts y su Catalunya son, ahora, una especie de álbum de cromos del Barça . Seguiré insistiendo.

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