Opinión
La gobernanza metropolitana
Movilidad, seguridad e infraestructuras exigen más coordinación para una realidad consolidada que afecta diariamente a más de un millón y medio de habitantes

El Foro Metropolitano debatirá cuestiones como la movilidad, los servicios, la vivienda o la seguridad. / José Manuel López
València no es solo una ciudad. Es, desde hace tiempo, una realidad metropolitana que supera holgadamente el millón y medio de habitantes si se atiende a su área funcional. Lo dicen los datos demográficos, pero sobre todo lo confirma la experiencia cotidiana de miles de personas que cada día cruzan términos municipales para trabajar, estudiar, acceder a servicios sanitarios o disfrutar del ocio.
Levante-EMV organiza este miércoles su primer Foro Metropolitano en Mislata con el propósito de debatir el diseño de políticas coordinadas en materias como movilidad, servicios, vivienda o seguridad. Y lo hace desde la convicción de que a esta dimensión real del territorio le corresponde una estructura de gobernanza capaz de gestionar de forma conjunta los grandes retos comunes. La ausencia de ese marco empieza, además, a pasar factura.
El debate no es nuevo, pero sí cada vez más urgente. Una metrópolis sin instrumentos de decisión compartidos acaba funcionando por acumulación de soluciones parciales, muchas veces bienintencionadas, pero descoordinadas. La fragmentación administrativa impide abordar con eficacia cuestiones que, por definición, no entienden de límites municipales. La movilidad es el ejemplo más evidente, aunque no el único. Cada mañana, decenas de miles de desplazamientos saturan los principales accesos a la ciudad y los corredores metropolitanos. El problema no es solo de volumen, sino de modelo. Sin una autoridad metropolitana fuerte y consensuada, la planificación del transporte público se queda corta: redes ferroviarias que no siempre conectan adecuadamente con los autobuses interurbanos, políticas tarifarias inconexas o infraestructuras ciclistas que se interrumpen al cambiar de municipio. El resultado es conocido: el vehículo privado sigue siendo, para muchos, la opción más viable, con el consiguiente impacto en congestión, emisiones y calidad del aire.
La movilidad metropolitana requiere algo más que inversiones puntuales. Necesita planificación integrada, visión a largo plazo y capacidad ejecutiva. No se trata únicamente de ampliar infraestructuras, sino de gestionarlas de manera coherente, priorizando el transporte público, la intermodalidad y la seguridad vial. Todo ello exige un marco administrativo estable que permita tomar decisiones conjuntas y asumir responsabilidades compartidas.
La seguridad, en sentido amplio, es otro de los ámbitos donde la ausencia de gobernanza metropolitana se hace notar. La seguridad ciudadana, la gestión de emergencias, la protección de infraestructuras críticas o la prevención de riesgos asociados a la movilidad desbordan claramente el ámbito local. Episodios trágicos como la dana del 29 de octubre de 2024 han puesto de relieve la necesidad de protocolos comunes, intercambio de información y coordinación operativa entre administraciones para evitar respuestas tardías o desiguales.
No menos relevante es la cuestión de las infraestructuras. Carreteras, líneas ferroviarias, nodos logísticos o equipamientos estratégicos dan servicio a un conjunto amplio de municipios, pero su planificación y mantenimiento siguen dependiendo de decisiones dispersas. La consecuencia es una inversión que a menudo no se corresponde con los flujos reales de población y actividad económica. Una gobernanza metropolitana permitiría priorizar proyectos en función del interés general del área urbana y no de equilibrios territoriales a corto plazo.
Conviene insistir en que hablar de gobernanza metropolitana no equivale necesariamente a crear nuevas capas de burocracia. Existen fórmulas flexibles, desde consorcios y autoridades sectoriales hasta entes metropolitanos con competencias claras y financiación suficiente. Lo esencial es dotar al área metropolitana de capacidad real para planificar, coordinar y ejecutar políticas públicas clave.
El área metropolitana de València compite —por talento, inversión y calidad de vida— con otras grandes áreas urbanas europeas que hace años entendieron esta necesidad. La pregunta que intenta responder el primer Foro Metropolitano de Levante-EMV en Mislata, por tanto, no es si València necesita gobernanza metropolitana, sino cuánto tiempo más puede permitirse no tenerla. Cada día que pasa sin abordar este debate con pragmatismo y consenso es un día perdido para mejorar la movilidad, reforzar la seguridad y optimizar las infraestructuras de una metrópolis que ya existe, aunque aún no se gobierne como tal.
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