Opinión
La emergencia metropolitana

Espacios de urbanización dispersa en el Área Metropolitana de Valencia. 1.- Ciudad compacta, 2.-Áreas suburbanas supramunicipales, 3.- Espacios residenciales de muy baja densidad y discontinuidad media, 4.- Espacios residenciales de baja densidad y alta discontinuidad, 5.-Zonas industriales centrales, 6.- Zonas industriales periféricas. Fuente: Salom y Zornoza, 2024. / L-EMV
Territorios Inteligentes es un libro que causó un enorme impacto hace más de 20 años por su contenido brillante, visión de los problemas urbanos y, fundamentalmente, por la descripción de respuestas y soluciones que, adaptadas a cada realidad, podrían mejorar la vida de las personas, objetivo de toda gobernanza política que se precie.
A grandes rasgos, sus autores proponen un modelo de planificación urbana inspirado en la sostenibilidad ambiental, la innovación tecnológica —hoy podemos llegar incluso mucho más lejos con la IA— y, no menos importante, la cohesión social para crear ciudades más justas, habitables y competitivas.
El sociólogo Richard Florida hablaría de las 3 T: talento, tecnología y tolerancia. Sí, también la tolerancia para engendrar un clima en el que las nuevas ideas circulen, abriendo mentes y facilitando cambios. Más que nunca cuando los negacionismos nos conducen al rincón más oscuro del terraplanismo desde las principales instituciones valencianas.
Tolerancia e ideas para combatir la regresión hacia ese modelo rancio de la Gran Valencia de los años cuarenta del siglo pasado. La Ley de Bases del Régimen Local define a las áreas metropolitanas como entidades locales integradas por los municipios de grandes aglomeraciones urbanas, entre cuyos núcleos de población existen vinculaciones económicas y sociales que hagan necesaria la planificación conjunta y la coordinación de determinados servicios y obras.
Espacios donde la acción pública debe conciliar el principio de la autonomía local y la prestación supramunicipal de los servicios que se estimen necesarios, conformando un modelo de gobernanza mancomunado, representativo y eficiente.
Desde el inicio de nuestro autogobierno ha habido muchos intentos de articular el área metropolitana de Valencia y su entorno. Existe experiencia acumulada, especialmente en agua y residuos. También sufrimos la voladura —más bien descontrolada— que la derecha perpetró contra el Consell Metropolità de l’Horta.
Nunca han entendido ni compartido esa óptica solidaria de la gran conurbación de manual que realmente somos. Lamentablemente, la ciudad de Valencia ha capitulado en el ejercicio de su liderazgo como capital. Liderar lleva implícito un plus de responsabilidad que han dilapidado conscientemente. Su mirada, políticamente endogámica, nos perjudica a todos. Liderar consiste en permitir que los demás también iluminen, aportando y, entre todos, generando la mejor versión para el conjunto.
Eso sería entender el significado de ser capital. Por eso, todos debemos trascender la mirada localista. Como diría el reputado catedrático, mi admirado Joan Romero, la gobernanza metropolitana sigue siendo la gran asignatura pendiente para Valencia y los municipios cercanos.
Sea como sea, el reto de articular una cultura del territorio a escala metropolitana, mejorar el funcionamiento y aprovechar todo el potencial de una estrategia que genere un marco de desarrollo compartido, emerge como un desafío de la máxima importancia. Se trata de construir escenarios metropolitanos que mejoren la calidad de vida de las diferentes ciudadanías.
Los desafíos que incorpora la emergencia climática multiplican la necesidad de esta mirada del territorio, que supere la frontera local para afrontar y resolver una nueva agenda de prioridades que requiere la coordinación de esfuerzos para garantizar la mayor eficacia posible.
Ámbitos como la movilidad sostenible, la Agenda 2030, la redimensión de los servicios públicos y las políticas de respuesta ante emergencias constituyen nuevos retos en los que el cortoplacismo y las soluciones localistas son claramente insuficientes.
Insisto en la respuesta a las emergencias como una de las mayores motivaciones que hoy tenemos, en pleno cambio climático, para diseñar políticas sin las limitaciones de los lindes municipales. Los barrancos, ramblas, avenidas y cauces no entienden de fronteras administrativas. Tampoco los bomberos, agentes forestales, ambulancias y resto de servicios esenciales en un momento dado.
Por eso tenía sentido la constitución de una Unidad Valenciana de Emergencias que, junto al recorte presupuestario, las derechas negacionistas borraron del mapa al llegar al Consell. El principio fundacional era el mismo: optimizar, compartir, mancomunar, sumar eficacia y multiplicar eficiencia.
Somos, como he señalado antes, una conurbación caracterizada por su pluralidad de núcleos, su elevada densidad, el predominio de actividades industriales y terciarias, así como la existencia de un volumen significativo de flujos cotidianos y niveles altísimos de movilidad constante, lo que recomienda la estructuración de la citada área metropolitana con todas sus consecuencias.
Los socialistas de la provincia de Valencia fomentamos un debate en el que participen todos los municipios del Área Metropolitana, con la finalidad de establecer un plan para fortalecer la gestión metropolitana de todos aquellos servicios y obras que se estimen oportunos.
A tal efecto, hemos presentado mociones en la Diputación para inspirar una Mesa de Trabajo en la que todos los actores implicados deliberen sobre la legislación existente, los cambios normativos necesarios, una arquitectura de gobernanza equitativa, el marco financiero y el conjunto de nuevos retos en un contexto de cambio climático.
Debemos examinar las nuevas necesidades de este gran espacio intermunicipal que, en su crecimiento y desarrollo, configura una sola unidad funcional en muchos ámbitos de la vida cotidiana de la ciudadanía.
Bajo la premisa de que nuestro modelo de gobernanza debe fundamentarse en el diálogo, el acuerdo y la concertación, debemos diseñar el futuro metropolitano no solo con todas las administraciones implicadas, sino con grupos de expertos especializados, colegios profesionales, departamentos universitarios y centros de conocimiento interdisciplinar que aporten talento y valor añadido para una nueva estrategia y agenda metropolitana.
Urge crear una nueva entidad metropolitana que gestione todo cuanto nos une y todo aquello que podemos hacer mejor juntos.
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