Opinión
Todos somos migrantes en este planeta

FOTODELDÍA EPA7157. GAZA (-), 11/12/2025.- Palestinos se desplazan en carros tirados por animales por una calle inundada tras las fuertes lluvias este jueves, en Jan Yunis (Gaza). Según la agencia de noticias palestina Wafa, una niña de ocho meses murió el 11 de diciembre debido al frío extremo en Khan Younis, ya que las fuertes lluvias inundaron campamentos y zonas enteras del enclave, empeorando las condiciones de 1,5 millones de residentes desplazados. EFE/ Haitham Imad / HAITHAM IMAD / EFE
Escribo este artículo con motivo del Día Internacional del Migrante, mientras la memoria recupera imágenes que se formaron a lo largo de más de tres décadas: un niño en Gaza que sobrevivió a cinco guerras, un joven que cruza fronteras y continentes, y un refugiado que vuelve a ser refugiado en España. Cada vez que intento empezar una vida nueva, el viento trae consigo el olor de la guerra, el sonido de los aviones y las páginas del pasado. Mi migración no fue un simple movimiento geográfico; ha sido la continuación de una historia que empezó antes de mi nacimiento y que viví en cada detalle desde mi infancia.
Mi primer recuerdo claro se remonta al 1997, cuando era alumno de segundo grado en la Escuela Gaza Nueva “C”, perteneciente a la UNRWA. La profesora nos pidió escribir diez veces el nombre del pueblo de origen de nuestras familias. No sabía de qué pueblo provenía mi familia, porque en aquella época Gaza estaba inmersa en un discurso de esperanza por la creación de un Estado palestino después del regreso de Yaser Arafat en 1994. El pasado quedaba sin nombres, como si todos estuviéramos ocupados imaginando un futuro que nunca llegó. Ese día, al volver a casa, mi abuela "Ṣadīqa" me dijo que éramos de “al-Masmiyya al-Kabira”.
Escribí aquel nombre con orgullo infantil, sin comprender que no era solo un nombre, sino la llave de una memoria entera de desplazamiento, Nakba y pérdida. Ese fue el comienzo de entender que en la historia palestina todo lo bello lleva dentro algo profundamente triste.
Crecí siendo definido con una palabra que nunca me abandonó: refugiado. Esa palabra pesa mucho en la imaginación de otros, pero para nosotros no era una carga. El mundo solía mostrar al refugiado como una figura frágil que espera ayuda humanitaria, mientras que nuestros campamentos estaban llenos de escritores, carpinteros, maestros, ingenieros y personas que construían su vida con dignidad. Desde muy pequeño llevaba conmigo la tarjeta de UNRWA: un documento que es al mismo tiempo testigo de una tragedia y prueba de nuestro derecho al retorno. Fue también la tarjeta que me ayudó años después a obtener el asilo en España.
Llegué a España hace casi tres años, y seguí siendo “refugiado” hasta enero de 2024, cuando me concedieron el derecho de asilo. Ese día debería haber sido motivo de alegría, pero coincidió con uno de los momentos más dolorosos de mi vida: había perdido ya a unas cien personas entre amigos, familiares y conocidos durante la última guerra de exterminio en Gaza. No eran números, sino partes vivas de mi historia. Con cada muerte, sentía que me alejaba más de Gaza, mientras al mismo tiempo me unía más a ella.
El palestino vive con un doble desafío: somos perseguidos dentro de nuestra propia tierra por la ocupación, y fuera de ella por acusaciones fabricadas, solo por insistir en nuestra identidad y en nuestro derecho a vivir. Muchas veces se nos acusa de antisemitismo o extremismo simplemente por defender nuestros derechos, a pesar de que pertenecemos históricamente a los pueblos semitas, y a pesar de que la fuerza, la ocupación y la expansión colonial provienen del lado que nos acusa.
La tragedia palestina no se reduce a ser refugiado o no serlo; el refugiado en el interior y el refugiado en el exterior llevan la misma herida. Reconocemos la debilidad estructural de la administración palestina debido a la división entre Gaza y Cisjordania, pero la raíz del problema sigue siendo la ocupación, que impide cualquier desarrollo real y estrangula cualquier proyecto de futuro. Esta no es solo una lectura política, sino una experiencia personal vivida a través de años de guerras y bloqueo en Gaza, donde los sonidos de los aviones, los bombardeos y el insomnio se convierten en parte del cuerpo incluso mucho después de sobrevivir.
Aunque España no sea el destino más atractivo económicamente, aquí conocí a palestinos provenientes de los campos de refugiados de Líbano, Siria y Jordania. Cada uno trae consigo un tipo distinto de desplazamiento, pero el dolor es el mismo. En las calles de Valencia, las historias de migración se entrecruzan: quienes huyen de la guerra, quienes buscan una vida digna, o quienes solo quieren vivir lejos del miedo.
Europa, a pesar de su discurso humanitario, vive una contradicción evidente: se alineó por completo con Ucrania frente a Rusia, mientras recibía delegaciones israelíes y mantenía su cooperación deportiva, cultural y tecnológica, incluso después de que la Corte Internacional de Justicia afirmara que el gobierno israelí comete actos de genocidio contra los palestinos. Esta contradicción moral habla por sí sola.
A esto se suma el discurso recurrente de algunos partidos e instituciones europeas sobre endurecer la política migratoria. Pero quien huye del hambre o de la muerte no piensa en reglamentos, piensa en sobrevivir. La persona obligada a migrar no busca rechazo ni hostilidad; busca una oportunidad, un inicio nuevo.
En 2019 entrevisté al escritor palestino-canadiense Shaker Khazal, quien me dijo una frase que llevo conmigo desde entonces: “Todos los profetas, en todas las religiones, fueron migrantes.” Y yo añadiría: toda la humanidad, en algún momento de su historia, ha sido migrante. La historia del ser humano es un viaje constante en busca de un lugar donde pueda vivir con dignidad.
- Fallece Celia Domínguez, emprendedora de Xàtiva y símbolo de la lucha contra los tumores raros
- Aguado: 'Mercosur cerrará las fábricas españolas de zumos y acabará con el arroz de l’Albufera
- El Pla de Quart, más de mil campos de fútbol y punto de partida de los parques inundables
- La Aemet emite una nota especial por el temporal de lluvia y viento que llega a Valencia: podrían caer entre 100 y 200 litros por metro cuadrado
- Cientos de personas despiden en València a las víctimas del naufragio de Indonesia
- Los tres móviles del asesor de Mazón: uno reseteado, otro perdido y el tercero sin los datos clave de la dana
- Emergencias emite un aviso especial por temporal marítimo y lluvias partir del lunes
- La Guardia Civil detiene de nuevo al autor del atropello del niño de la Ronda Nord por 5 órdenes de búsqueda pendientes
