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Opinión | Bolos

Director de Levante-EMV

La movilidad será subterránea o no será

Mientras se celebra la apertura de un túnel entre las estaciones de metro de Xàtiva y Alacant, FGV debe abordar la ampliación de frecuencias de paso y la gestión de la saturación en horas punta

El president Juanfran Pérez Llorca por el nuevo paso inferior entre las estaciones de Xàtiva y Alacant.

El president Juanfran Pérez Llorca por el nuevo paso inferior entre las estaciones de Xàtiva y Alacant. / José Manuel López

Ahora que el president vivirá en València, podrá comprobar en primera persona el caos estructural de la movilidad metropolitana. Inaugurar el esperado paso inferior que conecta las estaciones de Xàtiva y Alacant está muy bien, porque en los actos oficiales todo funciona. La realidad se mide en hora punta. Entre las siete y las nueve de la mañana bastaría con subirse a un convoy de la L1 o la L2, si es capaz. Porque los usuarios de Picanya, Paiporta, Mislata, Burjassot o Paterna, demasiados días no caben. Y cuando el transporte público no conecta como debería, el resultado es más coche privado y el mismo embotellamiento diario de entrada y salida de la capital.

En el Foro Metropolitano de Levante-EMV, el responsable de Cliente y Calidad de FGV, Óscar Gamazo, discutió la afirmación del catedrático Joan Romero que se tarda lo mismo en ir de Madrid a València en AVE que en cruzar el área metropolitana de punta a punta. Basta con una aplicación. Google maps estima 1 h 46 min entre la estación de Cercanías de Puçol y la estación de metro de Picassent (si todo va puntual), pasando por València, por supuesto. Y atención: en bicicleta calcula 2 h 20 min, solo 34 minutos más. Visto así, quizá lo más realista sea subvencionar bicis: al menos se gana salud.

Por supuesto que hay que exigir al Gobierno la financiación justa para comprar trenes, duplicar vías y contratar personal. Pero esa reivindicación no puede funcionar como coartada permanente. Alguien en FGV debería explicar por qué no se refuerzan los servicios en horas punta o si, sencillamente, no se pueden añadir vagones porque los andenes —diseñados el siglo pasado— no lo permiten. Sea cual sea la razón, la sensación es la misma: se normaliza lo anómalo y se gestiona la saturación como si fuera un rasgo del paisaje.

Y mientras, celebramos 260 metros de túnel en el centro de València, abiertos durante el horario del metro y cerrados por la noche. La mejor noticia es que no será un paso exclusivo para viajeros; será una calle subterránea más. La movilidad avanza, sí, pero a veces lo hace por debajo.

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