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Opinión

Volver a empezar… con +3

Harta trata de frenar a Xabi Prieto en 2004

Harta trata de frenar a Xabi Prieto en 2004 / EFE

Hubo un tiempo en que muchos niños no éramos del Barça ni del Madrid. Teníamos a nuestro equipo muy lejos de la élite y vibrábamos con la Real Sociedad de Satrústegui y López Ufarte, y con el ambiente de Atotxa, donde las gradas estaban tan metidas en el césped que a veces el balón rebotaba en las vallas de detrás de la portería y había dudas de si había entrado. Aquellos eran los dominios de un Arconada siempre embarrado, volando entre la llovizna. En aquel tiempo el fútbol se veía por la radio.

En su debut en la élite, el Llevant había conmocionado Sarrià en un partido de época contra el Espanyol que acabó 4-4. Era el 15 de septiembre de nuestro año más feliz, el 63. Marcaron Ernesto Domínguez, Josep Maria Vall (2) y Vicent Camarasa. Luego nos tiramos 39 años cantando aquello de “Volveremos a Primera, como en el 63”. Volvimos en Anoeta, el estadio que había suplantado al vetusto Atotxa once años antes de aquel 29 de agosto de 2004 de nuestro regreso. Marcó el irlandés Ian Harte con su zurda prodigiosa y empató Nihat. Aquel curso nos bajaron los errores arbitrales, flagrantes y siempre en contra. Al estamento no le gustaban las bravuconadas de Villarroel y nos pasaron factura.

Por cierto, después de 39 años, nos reestrenamos sin las “barras azulgranas de tu clásico jersey”. Siempre pionero, el Llevant revolucionó el diseño de la camiseta blaugrana cuando nadie lo hacía aún, con una composición a base de rectángulos, triángulos y líneas rectas, a medias entre Mondrian y la Bauhaus, que ha envejecido de maravilla. No tardarán en verse reproducciones retro. Hacía ya años que la Erreala había perdido su principal seña de identidad, hoy solo perpetuada por el Athletic. La rompió en 1989, al fichar al ariete irlandés John Aldridge, aunque siempre siguió cuidando de su cantera. No en balde es el único club que tiene a su filial en Segunda.

Un salto de cinco categorías

La Real y el Llevant se enfrentan en Orriols con un curioso paralelismo: ambos han cesado a su entrenador y están en periodo de interinaje, con los entrenadores de sus filiales. La diferencia es que Jon Ansotegi dirigía al Sanse en la Hypermotion y Álvaro del Moral, al Atlètic Llevant… en Tercera RFEF, con un salto de cinco categorías.

En León, el tándem Del Moral-Iborra no entendió la trascendencia del partido. Mientras Madrid y Barça alineaban a Mbappé y Lamine en sus compromisos coperos, el Llevant salió con un once plagado de futbolistas que hoy por hoy no serían titulares en la Cultural.

Con un levantinismo abatido, llega el reto de acabar el año con una victoria que permita volver a empezar. Luego hay un parón de 17 días, antes de visitar el Pizjuán, tiempo de soltar lastre, reforzar posiciones y dejar trabajar al nuevo técnico, que debería ser el líder de un proyecto a medio y largo plazo, y no un parche coyuntural. Empezar 2026 con doce puntos no parece gran cosa, pero conforme estamos sería un bálsamo para la hinchada levantina, que, además, volvería a ver un triunfo de su equipo en casa, casi siete meses después.

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