Opinión | Complicidades
La gente
¿Qué es la alta literatura? Pues ni más ni menos que aquello que escriben los mejores, porque los mejores, cuando escriben, aspiran siempre a la alta literatura

Felipe Benítez Reyes publica 'La gente' (Fundación José Manuel Lara, 2025) / Levante-EMV
Al terminar de leer la nueva novela de Felipe Benítez Reyes, La gente (Fundación José Manuel Lara, 2025) me ha dado por pensar en la esencia de la alta literatura. ¿Qué es eso: la alta literatura? Pues ni más ni menos que aquello que escriben los mejores, porque los mejores, cuando escriben, aspiran siempre a la alta literatura. Esa podría ser también la definición de en qué consiste ser un gran escritor: aquel que, haga lo que haga -un poema, un artículo, una obra de teatro, una novela, un cuento-, quiere darse por entero en la escritura.
A estas alturas de una obra cristalizada en todos los géneros, Benítez Reyes no ha decaído en su voluntad de añadir libros magníficos a su producción. La gente es una novela breve asombrosa. Necesariamente breve. El lector sabe que podría prolongarse a lo largo de muchas páginas más, pero entiende al mismo tiempo que posee las páginas justas. Podríamos decir que funciona como un mecanismo de relojería, y porque funciona como un mecanismo de relojería, podría marcar las horas que quisiera.
Desde el punto de vista técnico, La gente es la yuxtaposición de los breves retratos que un tal Miguel Rancés Olivares, natural de Rota, hace de algunos de sus convecinos a lo largo de los años. Conocemos el texto -una suerte de memorias construidas a través del dibujo de las vidas ajenas- gracias a la edición que realiza su sobrino nieto, Alberto Márquez Rancés, que encuentra las anotaciones a la muerte del autor, en 1985.
El enigma de la identidad
Una de las obsesiones de Felipe Benítez Reyes -uno de los temas que vertebra su obra- es el enigma de la identidad. Le ha dado vueltas y más vueltas en sus poemas, en sus cuentos, en sus novelas, en sus artículos. ¿Qué somos? ¿Quiénes somos? ¿Podemos llegar a saberlo nosotros mismos? ¿Lo pueden saber tal vez los demás? La respuesta que parece indicarnos La gentees que no existe una respuesta certera. Somos espectros formados por una suma de realidades espectrales, valga la paradoja: lo que creemos ser, lo que los demás creen que somos, lo que decimos acerca de nosotros mismos, lo que dicen los demás. Fantasmas insignificantes que se afanan por tener significado.
Lo que hace de La gente una novela espléndida es lo que Felipe Benítez acostumbra a ofrecernos en todos sus libros: un profundo conocimiento del corazón humano, expresado a través de una escritura solo suya, hecha de brillantez, inteligencia y precisión.
He salido de La gente entristecido y contento a la vez. Entristecido, por la lúcida lección que se nos da acerca de lo que somos: marionetas en el guiñol de la vida. Y muy contento por haber tenido una experiencia estética de enorme emoción: la de volver a leer a un clásico contemporáneo.
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