Opinión | En el barro
Vivir de la bronca ya no vale en la Comunitat Valenciana
Llorca no es Mazón. Eso es una obviedad como un pino. Y, por la misma razón, la confrontación ya no sirve para esconder el resto de la realidad bajo el felpudo del Palau de la Generalitat

Juan Francisco Pérez Llorca, ayer en Alicante. / ALEX DOMINGUEZ
Los que van a cara descubierta merecen un respeto. Jordi Sevilla ha tenido valor. El que a otros les falta. Pero carga con dos lastres difíciles de superar. Uno es su desconexión de las bases. El exministro siempre fue un político de altas esferas. ¿Cuántos militantes del PSPV, por ejemplo, han tratado con este dirigente de origen valenciano? Me temo que la respuesta sonrojaría. Otro es plantear una enmienda a la totalidad a Pedro Sánchez, el político que desde 2018 mantiene a España fuera de la ola conservadora que recorre el mundo. Algo habrá hecho. Algo habrá sabido hacer desde la socialdemocracia. El momento actual de su proyecto puede considerarse agónico, pero me temo que el día después no vendrá con rostros del pasado, sino con el aroma de algo nuevo y, de partida al menos, sin matar al padre. Jordi Sevilla corre el riesgo de acabar con cara de Nicolás Redondo Terreros.
Juan Francisco Pérez Llorca cumple las premisas del sucesor emancipado: intentar levantar algo diferente a partir de la herencia de Carlos Mazón, con prácticamente los mismos mimbres y las mismas herramientas. En este país, desde el fin de la dictadura hasta ahora, el dilema entre reforma y ruptura siempre se ha resuelto por la primera vía. Llámennos cobardes. Llámennos sensatos.
Y Llorca empieza a descubrir estos días que no le va a valer con intentar serenar la bronca generada por los errores de la gestión del día de la gran riada.
Llorca no es Carlos Mazón. Eso es una obviedad como un pino. Y, por la misma razón, la confrontación ya no sirve para esconder el resto de la realidad bajo el felpudo del Palau de la Generalitat. La afirmación vale también a la inversa: para la oposición. Pero el president es Llorca.
La auditoría de la Sindicatura de Comptes al primer año del Gobierno (¿de los mejores?) de Mazón desnuda una gestión cubierta de deficiencias
La auditoría de la Sindicatura de Comptes al primer año del Gobierno (¿de los mejores?) de Mazón desnuda una gestión cubierta de deficiencias. No sirve el argumento de la riada, que se produjo en el último tercio del año. El informe destapa que se tramitaron 2.220 millones en servicios y compras sin contrato ni control interno, la mayor cifra de la historia autonómica. No es como para presumir de excelente gestión, como se anunciaba.
Y luego está la vivienda, el gran problema actual y el presentado como primer objetivo del nuevo Consell. Algo tan aséptico como el Diari Oficial ha desvelado que casi 3.000 personas en la Comunitat Valenciana no percibirán ayudas públicas al alquiler por falta de presupuesto, a pesar de que cumplían los requisitos. El Ejecutivo ha respondido que ampliará créditos. ¿Con qué fondos, los del ministerio, o con más deuda? En todo caso, no es el ejemplo de mejor gestión tampoco, por lo que implica de retrasos y falta de atención a ciudadanos que han acreditado que necesitan apoyo para un techo.
No va a valer con un nuevo clima y un talante diferente. Urge algo más. Urgen acción y gestión
Llorca empieza a tener ante los ojos que la herencia de la bronca, la confrontación y los insultos es cada día más pasado, sin necesidad de que lo diga él, y que no va a valer con un nuevo clima y un talante diferente. Urge algo más. Urgen acción y gestión si quiere legitimarse como president con futuro. No lo tiene fácil.
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