Opinión | La veleta de papel
Desabrigados

El 81 % de las personas sin hogar en València ha sufrido algún tipo de violencia. / Fernando Bustamante
El periodista Carles Senso escribió en esta sección un interesante artículo titulado: Yo afán no tengo. Inmersos en una maraña de agobios, para nada existenciales, escribe sobre filantropía callada y anónima, mas no invisible. En estos días no estamos obligados a ser felices si no lo somos, ni a estar alegres si estamos tristes, ni tampoco a ser más solidarios que el resto del año, sin embargo es verdad que tal vez por tradición cristiana, o porque hace más frío, son fechas propicias para el acercamiento entre personas, para juntarnos en un ejercicio de humanidad, con familia, con amigos, incluso con los que no son ni una cosa ni otra.
No siendo exclusivo de ellas, la constante inoculación del consumismo desaforado se intensifica en estas fechas. Tenemos más camisas que mantos la Geperudeta; pero seguimos comprando. El aumento exponencial de anhelos comporta insatisfacción que acentúa el desasosiego y conduce a la infelicidad sobre la base del humo. Estrategia mercantilista que provoca necesidad y encamina a la sutil esclavitud mental que, enriquece a muy pocos mientras el planeta agoniza.
Simultáneamente hay hombres y mujeres que duermen entre cartones en plena calle aunque hiele; abandonados por la sociedad, invisibles, sin hogar, ni familia, ni nadie que se preocupe por ellos. No, no son una minoría inadaptada, son personas desabrigadas y vulnerables. Han sido descartados como desecho social, algunos enfermos, marginados que en raras ocasiones viven así por voluntad propia, muchos por errores o porque la suerte no les fue favorable, o por maldad de los egoístas. Es desolador que mientras hay opulencia y cientos de leds brillando, estas personas son abandonadas en la selva urbana. El mundo en el que vivimos es cada vez menos humano, más falso y cruel.
Mientras los poderes públicos siguen sin invertir lo suficiente en el eslabón más débil de sus administrados y miran para la galería, algunos salvajes desalmados ejercitan su violencia contra esta gente desamparada. Gracias a Dios está Caritas, ONGs y voluntarios que distribuyen alguna ayuda para ellos. Si usted comparte (que debe hacerlo), aunque sea poco con quien menos tiene, por favor mírele a los ojos y pregúntele su nombre, él o ella es una persona con toda su dignidad. Compartir genera abundante felicidad y alegría.
Bon Nadal i que l’any 2026, vinga ple de pau i alegria per a tots i totes sense distincions.
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